100 años de la Revolución Rusa: reflexiones

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El último fin de semana de noviembre un grupo de compañeros de Manifiesto por el Socialismo nos reunimos en la sierra de Tentudía (Badajoz) para pensar sobre el centenario de la Revolución de Octubre. Este video contiene algunas reflexiones al hilo del debate que tuvimos, sobre las enseñanzas y la vigencia de una de las mayores hazañas de la clase trabajadora.

Para quien pueda resultar de interés, incluimos a continuación las notas de la exposición realizada por el compañero Jordi Escuer, que hizo la exposición inicial.

 

La Revolución rusa vista desde el siglo XXI

 

Miramos la revolución con los ojos de hoy

A diferencia del personaje de Penélope, en la canción de Serrat, que tenía los ojos llenitos de ayer y no era capaz de reconocer a su amor, nosotros miramos hacia octubre de 1917 con los ojos llenitos de hoy. Buscamos respuestas en los hechos del pasado. Pero los hechos no nos dicen nada por sí solos, nos obliga a tener un método para analizarlos. Ya sabéis: la araña, sin patas, no camina hacia nosotros cuando la llamamos y la conclusión puede ser que “está sorda”.

En una charla de este pasado mes de julio, Pablo Iglesias habló de la revolución rusa. Afirmó que los Bolcheviques, Lenin, tenían un programa para “ganar”, que demostraron que “la política contra la Historia, puede ganar”… y resaltaba que el mérito del partido bolchevique, y de Lenin, fue haber sido capaz de producir “orden”.

Pero, quizás, lo más sustancial de las conclusiones de Iglesias:“el debate sobre reforma o revolución, o la construcción del socialismo, está fuera de nuestros mapas políticos, no es un debate que forme parte de la práctica de los desafíos a los que se enfrentan los movimientos sociales o las organizaciones políticas que aspiran a llevar a cabo procesos de transformación. ¿Cómo se puede trabajar desde el Estado para construir sociedades de tipo postneoliberal? Sociedades en las que la economía de mercado va a seguir existiendo, pero en la que puede existir un control público de los sectores estratégicos, en la que los derechos sociales se pueden garantizar junto a los derechos humanos, en la que el estado del bienestar no sea retórica gubernamental sino que se traduzca en derechos efectivos… es verdad que estos debates no son tan eróticos como el de reforma o revolución, o la construcción del socialismo, pero es el debate más pertinente a la hora de asumir la gris, dificilísima tarea, de cambiar algunas cosas desde las instituciones administrativas”.

Pablo Iglesias, eludiendo debatir de “reforma o revolución”, se decanta por la política de Bernstein: lo pertinente son las reformas. No es nada sorprendente, tras una primera oleada de radicalización tras el 15M y, sobre todo, las Marchas por la Dignidad, desde hace tiempo la dirección de la izquierda, incluida la nuestra, corren hacia la derecha en sus conclusiones. En realidad, las épocas de revolución, o de movilización, alientan las ideas revolucionarias, y las de retroceso, como la actual, las ideas reaccionarias.

Iglesias, en esta misma charla, plantea que Lenin había puesto en cuestión las ideas de Marx al plantear una revolución socialista en un país atrasado, una conclusión que no es suya, sino de Gramsci, como él mismo menciona. Eso es desconocer qué planteó el propio Marx en uno de los prólogos del Manifiesto Comunista: “si la revolución rusa da la señal para una revolución proletaria en Occidente, de modo que ambas se complementen, la actual propiedad común de la tierra en Rusia podrá servir de punto de partida para una evolución comunista”. Y eso fue la Revolución rusa, que, de todas formas, se dio en unas condiciones diferentes de la que conocieron Marx y Engels, por el desarrollo relativamente reciente de una capa de proletarios concentrados en grandes empresas. Realmente, es más útil leer a Lenin, Trotsky, Serge, Carr, Broué, Luxemburgo, si queremos saber sobre la revolución rusa que a Gramsci.

¿Qué buscamos en ella? Las claves para entender cómo hoy puede volver a producirse una nueva revolución.

 

¿Cuáles fueron las fuerzas motrices de la revolución?

Quizás la primera pregunta es ¿qué es una revolución? Las revoluciones son algo excepcional que se caracteriza por que las masas entran en acción y toman las riendas de su destino en sus propias manos. ¿Cuáles fueron las fuerzas motrices de la revolución? Estaban muy bien recogidas en las reivindicaciones bolcheviques (las “tres ballenas bolcheviques”):

-República democrática

-Confiscación de la tierra de los grandes terratenientes

-Jornada de 8 horas

Las tres condensaban las aspiraciones de una población obrera y, sobre todo, campesina, que aspiraba a unas condiciones de vida dignas y democráticas.Y a ellas se añadía una cuarta consigna: La Paz. Tras tres años de guerra, con más de dos millones de muertos entre las filas del ejército ruso, eran la primera reivindicación de una tropa agotada y sin esperanzas. Mientras los soldados morían en el frente, la clase trabajadora de las ciudades, y los campesinos, pasaban hambre, al tiempo que la burguesía, la aristocracia y los altos funcionarios del Estado se enriquecían.

La guerra frenó un proceso de ascenso de las luchas, con la movilización a filas de millones de personas, empezando por los proletarios más combativos. Pero luego, conforme la guerra se fue revelando como el desastre que era, el efecto fue el contrario.

El régimen político, la superestructura social, —el zarismo y el capitalismo— era un obstáculo insalvable para el desarrollo de las fuerzas productivas y el progreso de las condiciones de vida de las amplias masas.

Hoy, si queremos ver cuáles pueden ser las fuerzas motrices de una revolución en el Estado español, hemos de buscar en su seno: el paro creciente, la caída de los salarios reales, el deterioro de la sanidad y la educación públicas, la situación de las pensiones, las crecientes restricciones democráticas, la incapacidad de respetar las aspiraciones democrático nacionales.

Eso es lo que alimenta las revoluciones, pero cuando estallan puede ser por cualquier chispa, por cualquiera de los problemas: en este caso la carestía de pan. Las trabajadoras del textil de Petrogrado iniciaron una huelga que acabó convertida en cuestión de días en una movilización general de trabajadores y soldados contra el régimen zarista, que fue derribado. La lucha empezó el 23 de febrero pidiendo pan y el día 24, con ya la mitad de los trabajadores industriales en huelga, y un apoyo creciente al movimiento, el lema ya era “Abajo la autocracia”, “Abajo la guerra”. Las masas conquistaron, con víctimas pero también con una actitud consciente, el apoyo de los soldados de la numerosa guarnición de Petrogrado, y eso selló el fin de la dictadura zarista.

Sin embargo, haría falta una segunda revolución para que las aspiraciones de las masas —paz, pan, tierra y trabajo—, se pudieran llevar a cabo. ¿Qué sucedió?

 

Los soviets y su papel

El movimiento obrero generó soviets (y comités de fábrica)… que se convirtieron en la verdadera fuerza organizada de la revolución. Habían surgido al calor de los acontecimientos de 1905. Ahí se expresaba la “unidad popular” de la que tanto se habla hoy, o el “poder popular”. El modelo de los proletarios fue imitado por los soldados y por los campesinos. Y se extendió de Petrogrado a todas partes.Esta es una de las cuestiones clave: la clase trabajadora tiene que organizarse para poder tomar las riendas de la sociedad.

Hoy lo estamos viviendo en los ayuntamientos de izquierda: estamos en manos del aparato del consistorio (particularmente, en el caso de los grandes ayuntamientos). Imaginad cómo se podría aplicar un programa de izquierdas desde el aparato estatal (“cambiar algunas cosas desde las administraciones, como dice Iglesias”). Sólo si tienes la capacidad real, puedes hacerlo.

El ejemplo era el soviet: ni un tren salía, ni un periódico, ni un arma, se movía sin su autorización. ESA ES UNA CUESTIÓN DECISIVA.

La cita de Marx y Engels sobre la importancia de la revolución para sacar a las masas del “lodo”:“La revolución no sólo es necesaria porque la clase dominante no puede ser derrocada de otro modo, sino también porque únicamente por medio de una revolución logrará la clase que derriba salir del cieno en que se hunde y volverse capaz de fundar la sociedad sobre nuevas bases” [1].

El soviet era el poder real. Pero, a su lado, existía un Comité Provisional, elegido por la Duma (Parlamento con atribuciones más formales que efectivas por parte del Zar): el doble poder.

El nuevo Comité Ejecutivo de los Soviets, que se constituyó independientemente de los soviets, integrado por mencheviques y socialrevolucionarios, permitió la constitución de un Gobierno provisional, formado por ministros de la burguesía (partido kadete) y presidido por el Príncipe Lvov. El único representante de la izquierda moderada era Kerensky. Se partía de la idea de que, como era una revolución burguesa, era la burguesía la que debía llevar las riendas del poder. Y, por tanto, había que colaborar con ella. Incluso la dirección bolchevique presente (Kamenev y Stalin) aceptaban esa alianza.

No es algo tan sorprendente: imaginad la postura de la inmensa mayoría de los dirigentes actuales de la izquierda. Llegarían a acuerdos con la burguesía, con los sectores más “majos” (que surgirían entre ellos para evitar la revolución).

El Comité Ejecutivo de los Soviets tenía el poder, pero se lo daba al gobierno de la burguesía. Esa es la gran paradoja de la revolución de febrero y que hará necesaria la de octubre.

 

La lucha interna en la izquierda

Además de la lucha contra la burguesía, los bolcheviques tenían que pelear frente a las ideas de adaptación al sistema (mencheviques y socialrevolucionarios). Es la misma lucha, ambas están íntimamente relacionadas, como nos muestra la revolución rusa. Es una característica de todo proceso revolucionario: también de la actualidad y también del futuro.

La revolución había cogido por sorpresa a todas las organizaciones, también a los bolcheviques. Cuando Lenin llega, tiene que enfrentarse a la postura conciliadora de la mayoría de la dirección del partido. Es cuando formula las tesis de abril: ningún apoyo al gobierno provisional, todo el poder a los soviets. Su postura, choca con los dirigentes, pero conecta con la militancia y los cuadros de la base. Por eso triunfa en pocas semanas y cambia la orientación del Partido.

Lenin insiste: “no somos charlatanes, nuestra tarea es explicar… la experiencia irá enseñando a las masas”. Las masas siempre empiezan las revoluciones sabiendo qué no quieren, pero sólo la experiencia les permite ver cuál es la alternativa: deben ir poniendo a prueba a los distintos sectores de sus organizaciones.

Primero esperaron de sus dirigentes, empezando por Kerensky, que lograra la paz, la tierra, las 8 horas… Pero siempre les daban largas: todo eso quedará para la Asamblea Constituyente. Se posponía el reparto de tierras, las 8 horas y la paz. Las masas se impacientaban y empezaban a tomarlas por su cuenta. Mientras, el gobierno provisional aplaza todo, ataca a los trabajadores y campesinos, y relanza la guerra. ¡Todo lo contrario de lo que esperan las masas!

Las masas aprenden rápido durante un periodo revolucionario, si hay alguien con autoridad y voz propia (el bolchevismo tenía a sus espaldas más de dos décadas de trabajo, como parte del movimiento obrero y campesino ruso, no eran paracaidistas).

La conciencia se transforma: la anécdota de Reed de unos soldados en el frente, a los que les faltaba de todo, y lo primero que preguntan al verlos es: “¿qué traéis para leer? (refiriéndose a la prensa revolucionaria)”.

En julio, las masas de Petrogrado intentan tomar el poder, exasperadas por los incumplimientos. Los bolcheviques se oponen por falta de apoyo fuera de la capital, pero como no logran convencer a las masas, se ponen al frente, para evitar un desastre y que la experiencia sirva para aprender. Lo logran.

Pero entonces el gobierno lanza contra ellos una campaña de difamación: “son agentes alemanes”. Les encarcelan, les apalean y hasta hay asesinados. Lenin tiene que esconderse en Finlandia.

La reacción aprovecha para dar un golpe de Estado con el general Kornilov. El gobierno coquetea con él, pero se siente fuerte y decide ir contra todos. El gobierno llama a la defensa frente al golpe de Kornilov, los bolcheviques se ponen al frente, a pesar de que ese mismo gobierno les había encarcelado: “Sujetamos a Kerensky, como la soga sostiene al ahorcado”. Un ejemplo magnífico de frente único.

Derrotan a Kornilov. Les liberan de la cárcel y su apoyo entre las masas se dispara: empiezan a ganar la mayoría en los soviets.

Llega el momento decisivo: debate sobre la insurrección que va unida a la celebración del 2º Congreso de los Soviets, ahora ya con mayoría bolchevique. Debate en el CC (anécdota de John Reed: Primero se vota no a la insurrección, salvo Lenin y Trotsky, luego un trabajador les avisa: “si permitís que destruyan los soviets jamás volveremos a marchar con vosotros”: la votación se repite y cambia de sentido).

Los bolcheviques presentan ante el Congreso de los Soviets la detención del gobierno y conminan al Congreso a tomar todo el poder en sus manos. El primer decreto es el de la Paz, y el segundo el de la Tierra.

 

La revolución es posible y puede triunfar

Los bolcheviques nos muestran una escuela de cómo es posible que una revolución triunfe: La fuerza motriz de la revolución son las masas, su empuje y voluntad, su organización. No es un golpe “hábil” de una minoría… como dice la derecha. El partido bolchevique es el pistón que concentra la energía de las masas, en los momentos críticos.

-La idea de la revolución permanente, que nace en Marx y Engels, explica que no es posible limitarse a las cuestiones democráticas, sino que hay que tomar medidas socialistas. Hoy pasaría lo mismo para un gobierno de izquierdas, en un proceso revolucionario.

“Las peticiones democráticas no pueden satisfacer nunca al partido del proletariado. Mientras la democrática pequeña burguesía desearía que la revolución terminase tan pronto ha visto sus aspiraciones más o menos satisfechas, nuestro interés y nuestro deber es hacer la revolución permanente, mantenerla en marcha hasta que todas las clases poseedoras y dominantes sean desprovistas de su poder, hasta que la maquinaria gubernamental sea ocupada por el proletariado y la organización de la clase trabajadora de todos los países esté tan adelantada que toda rivalidad y competencia entre ella misma haya cesado y hasta que las más importantes fuerzas de producción estén en las manos del proletariado.

Para nosotros no es cuestión reformar la propiedad privada, sino abolirla; paliar los antagonismos de clase, sino abolir las clases; mejorar la sociedad existente, sino establecer una nueva.”

 

Se demostró que una transformación social debe apoyarse en conquistas sociales que unan a las masas a esa nueva sociedad, a ese nuevo régimen. Justo lo contrario de lo que se hizo con la guerra civil española: “primero ganar la guerra, después la revolución”, cuando la tarea era ganar la guerra con una política revolucionaria. Las masas en Rusia peleaban por la tierra y los medios de producción que habían conquistado. Los blancos no fueron capaces de ganarse una base social entre el pueblo, sólida. Pero los bolcheviques sí.

 

La degeneración de la revolución

La experiencia de Rusia también nos sirvió para ver las dificultades de la construcción del socialismo: sin democracia no hay posibilidad de tener éxito. En lugar de una tendencia a la desaparición del Estado, hay una hipertrofia.

Lenin es decisivo en abril, el partido es decisivo en julio y, sobre todo, en octubre, pero no puede hacer nada ante la degeneración cuando el movimiento retrocede. Un conjunto de factores explica ese proceso:

El aislamiento de la revolución: fracasa la revolución húngara y, sobre todo, la revolución alemana, que hubiera sido decisiva.

Las consecuencias de la guerra civil: la labor brutal de los ejércitos blancos y de las tropas del imperialismo (Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos, Japón…), cientos de miles de los mejores cuadros obreros y de bolcheviques mueren en el frente, las ciudades se despueblan… el hambre se convierte en una realidad que mata a enormes cantidades de población.

El peso del aparato burocrático heredado del zarismo: se habían opuesto activamente contra el gobierno revolucionario, pero éste tiene que recurrir a ellos para poder dirigir el Estado, incluso los oficiales del propio ejército son los del antiguo cuerpo zarista… Con la desmovilización tras la victoria de la guerra, se incorporarán al aparato del Estado. (Los bolcheviques quedan “atrapados como la mosca en la leche”).

El autoritarismo ante la reacción. La creación de la Checa que fue un monstruo que se volvió en su contra. Se prohibieron las fracciones políticas dentro del partido, a la par que se llenaba de arribistas… Anécdota del primer comisario de Justicia Kozolovski, que fue a ver a Lenin para decirle que según la Checa ambos eran sospechosos por ser de ascendencia noble o burguesa y tener formación universitaria. Lenin contestó: “¡Imbéciles siniestros!”[2]

La sublevación de Kronstand avisaba del futuro. Los bolcheviques actuaron mal (se fabricó una farsa para tratar de ocultar las razones de la sublevación en Kronstand, incluso se les provocó con una actitud autoritaria, renunciando a buscar una salida acordada), pero, en última instancia, tampoco se podía seguir adelante con lo que querían los sublevados: las masas revolucionarias estaban agotadas y la derrota de la revolución en Europa, levantaba un obstáculo. El fracaso del nuevo régimen en Kronstad era un aviso de todos los problemas que estaban por venir, incluida la degeneración autoritaria y represiva que iba a ser el estalinisma. Ese episodio requiere una discusión más a fondo en la izquierda, y permite ver la importancia de no ocultar las dificultades, de abordar abierta y honestamente los problemas, reconociendo nuestros errores.

El cansancio de las masas: agotadas por la guerra y la miseria, obligadas a un duro trabajo para subsistir.

 

Ha sido el primer intento

¿No tenían que haberlo hecho? La revolución rusa era el producto de unas circunstancias sociales y económicas, en ese sentido era inevitable. Que los bolcheviques tuvieran la valentía y la audacia de intentarlo, sólo les honra. Rosa Luxemburgo lo dijo mejor que nadie: han salvado el honor del socialismo internacional, tras la traición de los partidos socialdemócratas.

Si no lo hubiesen hecho, Rusia habría sido una cruel dictadura militar de corte fascista, en cualquier caso. La guerra sólo era un anticipo, la actitud de los ejércitos blancos en los territorios que controlaban era la mejor prueba de lo que le esperaba al pueblo si la revolución era derrotada.

En los años 20 hubo un gran debate de cómo afrontar la situación: la oposición mantenía la necesidad de una acumulación socialista originaria, que fuese fortaleciendo paulatinamente la industria frente al campo, con un control férreo del comercio exterior, a la par que se trabajaba con el objetivo de la revolución internacional.

Lenin: la posibilidad de la unión de los campesinos al régimen socialista depende de ser capaces de construir en Rusia 100.000 tractores del último modelo, hoy todos sabemos que es una utopía. La mayoría, muchos menos de esos, se importaban de EEUU. Los primero tractores se importaron en el año 23, unos cientos. Hasta 1925, no se empezó a discutir un plan para levantar una fábrica de tractores y no fue aprobado hasta tres años después[3].

Tenían claro que durante mucho tiempo, además de una economía socialista, estarían sometidos a la ley del valor a través del mercado mundial y del campo.

El sector estalinista, primero defendió tesis agrarias, fomentando el enriquecimiento del campo. Luego, cuando empezaron los problemas con la nueva capa de pequeña y mediana burguesía, giraron hacia una colectivización forzosa, que tuvo efectos desastrosos.

El régimen se hizo cada vez más autoritario, más opresivo para los trabajadores y para los campesinos.

La degeneración de la revolución rusa, con el burocratismo (que Stalin encarnaba), generó un círculo vicioso: la postura de la burocracia, disfrazada de leninismo y con la autoridad de ser el país de la primera revolución victoriosa, llevó a un círculo vicioso de derrotas, porque la burocracia ponía sus intereses por delante de los de las masas. Su política internacional, oscilaba según sus necesidades diplomáticas y la situación interna. Del ultraizquierdismo al más extremo oportunismo, cuya expresión máxima fue el pacto germano-soviético.

 

Logros de la economía planificada y el hundimiento del bloque del Este

Aún así, los logros de la URSS reflejan el éxito de la economía planificada: pasó de ser un país atrasado a la segunda potencia mundial. Las masas conquistaron mejoras importantes en sus condiciones de vida.

El crecimiento de la economía fue espectacular en las primeras décadas, pero al final, el problema surgía conforme la economía se hacía más compleja. La necesidad de implicar a los trabajadores en la producción chocaba con el control burocrático y los privilegios.

La burocracia ahogaba la economía planificada, desalentaba a los trabajadores,  provocaba el surgimiento de una economía sumergida enorme y fomentaba los vínculos con el capital a través del endeudamiento financiero. No era posible escapar al mercado mundial con la burocracia al frente.

O el régimen se democratizaba, sobre la base de la propiedad socialista, o iba hacia el capitalismo. La primera opción estaba fuera del alcance de la burocracia, pues implicaba su suicidio social. La segunda es la que finalmente se acabó dando.

Su caída no fue producto de su colapso económico, eso no era real, sino de la incapacidad de la burocracia para resolver sus contradicciones y su opción por un retorno al capitalismo. Es con el retorno al capitalismo que la economía se derrumba, y vive un auténtico saqueo.

Gorbachev planteó (usando la NEP) la apertura al mercado capitalista, pero controlado (lo que hicieron luego los chinos). Una parte de la propia burocracia planteaba abiertamente la necesidad del paro para disciplinar a los trabajadores.

Al final se les fue de las manos, como probablemente acabará pasando en China, porque era la mejor opción para la propia burocracia: convertirse en propietarios.

 

Lecciones para el presente

No es posible cambiar la sociedad sin cambiar el Estado: éste mismo es producto de la misma sociedad. No es posible dar soluciones definitivas, sin cuestionar el capitalismo.

Basta ver la experiencia de Grecia: no cuestionaban directamente el sistema, sólo pedían que se aflojase la presión de los recortes y renegociar la deuda. Y ni eso les dieron de margen. Es un aviso para el futuro.

También lo que ha hecho el gobierno del PP, el Estado y el sistema, con Catalunya es un aviso de la magnitud del enfrentamiento que late en la sociedad: el capital no está dispuesto a hacer concesiones sustanciales.

Ganar las elecciones, deberá ir unido a un proceso de movilización, y el propio gobierno de izquierdas debe impulsar la creación del doble poder, o será fagocitado por el aparato y la burguesía que torpedeará todo intento de cambio. Incluido el riesgo de un nuevo alzamiento.

Debe tomar las riendas de la economía de facto: nacionalización de los sectores estratégicos. Eso sólo se puede hacer de hecho, si tienes la capacidad real de ejecutarlo, de ejercerlo. Algo similar a los soviets tiene que surgir.

El hecho de ganar las elecciones, tener mayoría, es decisivo. Daría un gran impulso, permitiría ganar a las clases medias, pero a condición de que se cumpla todo lo primero.

Por eso, la clase decisiva, es la trabajadora pues es la que mueve de facto la economía, y es una mayoría aplastante: exactamente lo contrario de lo que sucedía en Rusia.

La proletarización de la sociedad es inmensa. Hoy hay un sector enorme del funcionariado que puede ser ganado para la revolución. Hasta los médicos han sufrido una gran precarización y proletarización. Ya no digamos el personal administrativo.

Hoy el nivel de productividad, la formación, la magnitud de las fuerzas productivas, la extensión del paro, son factores que facilitarían la acción de un gobierno de izquierdas. La primera medida es reducir la jornada laboral, exactamente lo contrario de lo que acabó pasando en la URSS. Eso abriría las puertas a una participación real en política de las masas. Basta ver la abundancia de vivienda vacía, como un ejemplo del potencial para una transformación social.

Hoy sí sería posible aumentar la productividad desde el principio, empezar a transformar la economía en un sentido social y ecológico:

Por supuesto, debemos ser realistas: dependerá del grado de organización de la clase trabajadora, de su capacidad de tomar las riendas de la sociedad, las dificultades que se tengan que sortear. Lo lógico es que al principio haya retrocesos y dificultades, pero no es fácil que sean tan salvajes como los de la URSS.

Desde luego, nuestra postura debe ser internacionalista: Europa es el ámbito natural de esta lucha. No podemos escapar a la ley del valor de la noche a la mañana, pero hoy las posibilidades son mucho mayores que en 1917.

La clase trabajadora pondrá a prueba, ya lo está haciendo, al PSOE, a Podemos, a IU… y, con su intervención, provocará cambios.

La tarea ahora es agrupar cuadros en el seno del movimiento obrero real, tal y como es; formarlo e ir consolidando posiciones en el terreno sindical, en las asociaciones de vecinos y en los movimiento sociales de la izquierda.

La chispa que genere una revolución puede ser cualquiera, incluso un problema ecológico (atentos a la sequía y el cambio climático), que ponga en cuestión la sociedad actual.

Anexos

“El Manifiesto Comunista se propuso como tarea proclamar la desaparición próxima e inevitable de la moderna propiedad burguesa. Pero en Rusia, al lado del florecimiento febril del fraude capitalista y de la propiedad territorial burguesa en vías de formación, más de la mitad de la tierra es posesión comunal de los campesinos. Cabe, entonces, la pregunta: ¿podría la comunidad rural rusa —forma por cierto ya muy desnaturalizada de la primitiva propiedad común de la tierra— pasar directamente a la forma superior de la propiedad colectiva, a la forma comunista, o, por el contrario, deberá pasar primero por el mismo proceso de disolución que constituye el desarrollo histórico de Occidente?La única respuesta que se puede dar hoy a esta cuestión es la siguiente: si la revolución rusa da la señal para una revolución proletaria en Occidente, de modo que ambas se complementen, la actual propiedad común de la tierra en Rusia podrá servir de punto de partida para una evolución comunista.”[4]

[1] La ideología alemana, Marx y Engels.

[2] Memorias de un revolucionario, Víctor Serge (página 229).

[3] La revolución rusa, Edward Hallett Carr (página 166).

[4] Karl Marx y Federico Engels, prólogo a la edición rusa del Manifiesto Comunista, 1882.