26J: Balance electoral y propuestas de acción

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Alberto Arregui y Jordi Escuer

Los resultados de estas elecciones quedan muy lejos de las expectativas de la izquierda, generando una sensación de derrota. Debemos ser capaces de analizar, comprender y trazar un plan de acción de inmediato, pues el mayor riesgo sería extraer conclusiones erróneas de este proceso y quedar atrapados en la inacción.

El resultado electoral ha mejorado la posición de la derecha, sobre todo con un trasvase de votos de Ciudadanos al PP, que ha aumentado su número de votos (en 573.000) y escaños (14 más). El PP ha conseguido movilizar a su electorado y recuperar votos de la abstención (150.000) y de Cs (429.000). Desde ese punto de vista, el agitar el miedo a “que vienen los rojos” le ha funcionado.

La clave es comprender por qué el voto a la izquierda ha bajado: Unidos Podemos ha recogido 1.142.000 votos menos que el 20D tuvieron todas las fuerzas que integran la coalición. Aun así, ha mantenido su número total de diputados, 71.

Sin duda, las encuestas formaban parte de la campaña de la clase dominante para estimular el voto útil al PP y al PSOE para frenar a UP (fue muy clara la posición de El País en su editorial del 5 de junio[1]), pero a pesar de que estuviesen infladas el descenso no es respecto a las encuestas, sólo, sino respecto a los resultados de las anteriores elecciones.

En consecuencia, para Unidos Podemos es un mal resultado, pues se pierde apoyo respecto a seis meses antes y no se hacen realidad las expectativas, alimentadas interesadamente por los propios medios de comunicación oficiales, de sobrepasar al PSOE.

El PSOE, aunque está contento por haber mantenido su puesto de segunda fuerza política y primera de la “izquierda”, ha perdido 174.000 votos y 5 escaños, quedando con 85. La realidad es que saca el peor resultado de su historia y sigue debilitándose. Sus contradicciones internas, las de un partido con una dirección instalada en el sistema y una base social mayoritariamente de la clase obrera, se están agudizando hasta un punto insoportable.

 

No sacar conclusiones equivocadas

El peor error que podríamos cometer ante estos resultados es echarle la culpa a la “gente”. El PP tiene un apoyo sólido, de una parte de la población que les tolera todo porque con ellos les va bien o esperan que les vaya bien (o, simplemente, son adoctrinados por los mecanismos del sistema). Pero, aun así, son minoría, en relación a la base social potencial de la izquierda. Sólo uno de cada cinco votantes censados ha dado el respaldo al PP. Es la principal fuerza política con menos del 23% de los votos.

Igualmente, otro error sería lamentar que haya habido una candidatura unitaria. El error fue no ponerla en práctica el 20D, no el haberlo hecho ahora. Sin ella, posiblemente, el resultado hubiera sido bastante peor. Eso se planteará entre la dirección de Podemos y entre la de IU, por parte de los sectores más “moderados” y recalcitrantes. Pero debemos afirmar que en cuanto a la unidad hemos hecho lo que había que hacer, lo que no quiere decir que no se hayan cometido errores como el aceptar en Madrid una posición que ponía por delante la soberbia de la dirección de Podemos frente a nuestra candidatura. Solo el sectarismo más interesado puede llevar a decir que “los votantes de IU no han votado a la coalición” o que “Podemos ha perdido votos por unirse a IU”. Ese efecto ha sido residual en ambos casos y debía haberse compensado con el efecto multiplicador de la unidad, y ahí es donde debemos profundizar en el análisis.

Igualmente, otro error será decir que hemos sido demasiado radicales, y que se debe ser más moderado, como seguramente planteará una parte de la dirección de Podemos.

La pregunta que debemos hacernos es ¿por qué un millón de votos que la izquierda transformadora tuvo en 2015 se han ido a la abstención? Y, en segundo lugar, ¿qué debemos hacer para recuperarlos y conquistar la mayoría?

Hemos perdido votos tanto “por la izquierda como por la derecha”. Por un lado, se ha creado cierta frustración en militancia y gente muy cercana por la forma del acuerdo con Podemos, dejando en posición secundaria y de riesgo a IU, y a eso se añade el discurso de los dirigentes de Podemos, repitiendo los errores de la Transición: bandera española, patriotismo, moderación… Y, por el otro lado, se infravaloró que una parte del voto de Podemos seguía siendo un voto de castigo a las políticas de otros partidos, especialmente al PSOE, que ha demostrado que no está muerto. Esto es vital comprenderlo, esperábamos que estas elecciones fuesen la certificación de su pérdida de raíces, pero no ha sido así. Por una parte, su arraigo histórico es más profundo de lo que podía parecer y, complementariamente, es claro que no hemos conseguido dirigirnos correctamente a los sectores de la clase trabajadora que siguen viendo al PSOE como su partido. Sigue siendo una asignatura pendiente.

 

Las principales causas del resultado podrían resumirse en los siguientes puntos:

  1. Se ha pagado el haber perdido la ocasión de ir juntos en diciembre de 2015, aprovechando el impulso y la ilusión que aún había de la victoria en las municipales de mayo. No se ha podido recrear con una campaña electoral aquella situación producto de un contexto histórico concreto. Aquel ambiente era consecuencia de un proceso de lucha y participación en la sociedad que no hemos sabido mantener.
  2. También se ha pagado un precio por haber desmovilizado durante estos últimos dos años, centrando toda la atención en el frente electoral. Desde la posición de las instituciones se debía haber llamado a la movilización contra el PP, con una exigencia a las direcciones sindicales a ponerse al frente de la lucha. Parece paradójico, pero el “electoralismo” es el camino que lleva a las derrotas electorales de la izquierda. Los mensajes ingeniosos en las redes sociales ayudan, sobre todo a la militancia, pero no pueden por si mismos competir con las armas del sistema.
  3. La unidad se llevó a cabo de forma cupular y rompiendo con la dinámica de participación que se había generado en los años anteriores. La ausencia de primarias para elegir las candidaturas no es un factor secundario, ha tenido mucha repercusión. Una campaña para elegir la cabecera de la lista hubiese sido un revulsivo, aumentado la participación y las expectativas, formando parte de la campaña electoral. En lugar de eso la designación de candidaturas a dedo y negociaciones, incluidos “cuneros”, ha sido un grave error, y lo hemos aceptado sin mostrar públicamente nuestro rechazo y nuestra propuesta de alternativa.
  4. La forma de afrontar la constitución de un gobierno tras el 20D también ha pasado factura: el error de haber puesto por delante los ministerios a un plan claro y concreto de mejora de las condiciones de vida que dejara en evidencia al PSOE y a su acuerdo con Ciudadanos.
  5. Plantear la campaña en términos de pretender ser una fuerza socialdemócrata, con continuos guiños al PSOE (“Zapatero ha sido el mejor presidente de la democracia”) que han dado una imagen oportunista (después del episodio de la cal viva…). En lugar de radicalizar a nuestra base social, tras un programa firme de cambios sociales que deberían garantizar unas condiciones de vida dignas, se ha querido aparecer más moderados y “dentro del sistema”. El efecto es el contrario: para la derecha seguimos siendo “rojos peligrosos” con piel de cordero, pero no somos capaces de entusiasmar y movilizar a los nuestros. Es el mismo dilema que se vive en los ayuntamientos “del cambio”: moderarnos para no dar “miedo” ni “excusas” a la derecha, o lanzar una lucha consecuente que movilice a la clase trabajadora.
  6. No haber proyectado ilusión y movilización desde los ayuntamientos del cambio, a pesar de esfuerzos parciales. Sin duda los medios de comunicación ocultan logros y magnifican defectos, pero debiéramos ser capaces de superar ese obstáculo.

 

 

Propuesta de Gobierno

A pesar de todo, la suma del PP y de Ciudadanos (169) sigue sin darles la mayoría absoluta (176) y, más allá de eso, no van a lograr apoyos suficientes en la cámara porque están enfrentados con todos los partidos de manera frontal.

La posibilidad de un gobierno de la izquierda es real, pues ERC (9 escaños), CDC (8), PNV (5) y Bildu (2), que en total suman 22 escaños, no pueden permitir o apoyar un gobierno del PP-Cs si hay una alternativa. PSOE y UP tienen 156 escaños podrían formar gobierno con el respaldo en la investidura de estos grupos que se encontrarían “unidos” por el rechazo a la derecha.

¿Querrá el aparato del PSOE formar gobierno en estas condiciones? No les hará mucha gracia, pero la alternativa es permitir un gobierno del PP.

Por eso, UP debe hacer al PSOE una propuesta de formar gobierno muy clara y directa:

  1. Crear una renta mínima digna para todos los parados sin ningún ingreso de forma inmediata igual al SMI, que se mantendría mientras no tuvieran un empleo decente, vía decreto ley.
  2. Acabar con los desahucios y garantizar la vivienda a todos los que lo necesiten con carácter inmediato, usando la bolsa de viviendas vacías de los bancos y la Sareb.
  3. Acabar con los contratos basura y que se recuperen los derechos laborales previos a la crisis.
  4. Subir el Salario Mínimo al nivel que marca la Carta Social Europea. Para empezar a 800 euros en dos años.
  5. Recuperar el nivel de gasto en Educación y Sanidad públicas, así como en Dependencia, anterior a la crisis en dos años, y que alcance la media europea al final de la legislatura. Es imprescindible una ampliación de los servicios sociales drástica.
  6. Reforma fiscal inmediata que garantice los ingresos suficientes para tomar esas medidas, con un incremento drástico de los impuestos a las rentas altas y a las grandes empresas, empezando por los bancos.
  7. Derogación de todas las leyes que recortan los derechos democráticos.
  8. Establecimiento de un procedimiento democrático, en base al artículo 92 de la constitución, para que el pueblo de Catalunya pueda efectuar una consulta sobre cuál es el grado de vinculación que desea con el resto del Estado. Queremos la unidad de todos los pueblos que componen el Estado español, pero voluntaria nunca impuesta por la fuerza.

No confiamos en la política de los dirigentes del PSOE, pues ellos respaldan un sistema social y político que rechazamos y que es necesario cambiar, pero, dado que hoy por hoy estamos en minoría, si se compromete a aplicar estas medidas tendrá nuestro respaldo para formar gobierno y nuestra colaboración. Si no las acepta, le respaldaremos en la investidura (valorar si en segunda votación, o no…), pero nos mantendremos en la oposición.

 

Llamamiento a la movilización unitaria

La unidad de la izquierda que lucha debe seguir adelante, por lo que abogamos por convertir Unidos Podemos, en un frente de izquierdas para la movilización. En todas las localidades y barrios, Unidos Podemos debe mantenerse como una plataforma de lucha y actividad común de las fuerzas políticas que hemos participado en ella, con asambleas y un órgano de coordinación. El problema al que nos enfrentamos no es en lo fundamental “un problema electoral”, sino la evidencia de que la izquierda debe replantearse sus métodos y organización, no se trata de maquinarias electorales sino de responder a las necesidades de generar un instrumento válido para dar cauce a la lucha de clases, ese es el quid de la cuestión. No nos jugamos el destino en las técnicas electorales, sino en nuestra capacidad de liderar una metamorfosis de la izquierda que se ofrezca como cauce para la transformación de la sociedad.

El resultado de las elecciones, a pesar de las carencias evidenciadas, sigue situándonos en una posición de partida muy fuerte para construir un movimiento político y social capaz de transformar la sociedad. Nunca, la izquierda a la izquierda del PSOE, había tenido una representación parlamentaria de 71 diputados. Si hacemos bien nuestra labor, aprendiendo de nuestros errores, y logrando la recuperación de la movilización, la victoria en unas próximas elecciones es perfectamente posible. Las falsas promesas del PP van a quedar en evidencia en un corto período de tiempo.

Y eso lo decimos debido a que la situación de inestabilidad económica, política y social se mantiene, y ese es un factor determinante de creación de oportunidades.

Sin menoscabo de que cada partido mantenga su identidad, la labor conjunta debe mantenerse centrada en la movilización por nuestros derechos sociales. Proponemos lanzar una gran movilización en otoño que culmine con manifestaciones en todas las capitales por los derechos sociales.

Hacemos un llamamiento a las direcciones sindicales a preparar la movilización por los derechos sociales. La perspectiva de una huelga general debe volver a estar en el orden del día de la izquierda.

Debemos actuar así porque es nuestro deber sumar fuerzas y evitar la división de la izquierda, y evitar que el aumento de la derecha sirva para consolidar posturas independentistas en Catalunya y otras zonas del Estado. No es cierto que “España” sea de derechas, lo que hace falta es recuperar la movilización social y construir una alternativa capaz de ganar en la calle y en las instituciones y en todo el Estado. Y es posible.

Siguen existiendo las condiciones objetivas que ponen al descubierto la incapacidad del sistema social bajo el que vivimos para satisfacer las necesidades básicas de la población, el auténtico reto está en nuestra capacidad para hacer consciente la alternativa y hacernos conscientes colectivamente de nuestra fuerza transformadora. Sacar las conclusiones correctas de esta experiencia es una condición imprescindible.

 

[1] “A medida que se acercan las elecciones del 26 de junio, la coalición Unidos Podemos deja más clara su ambición de rebasar al PSOE, colocarse como única alternativa al PP y auparse al poder. Hasta el punto de que ya convence a un elector de cada cuatro, según el sondeo de Metroscopia que publica hoy EL PAÍS, un sondeo alarmante aunque sea una instantánea de la realidad actual y no una predicción del resultado electoral. Frente a las dudas y debilidades de los socialistas y el descaro del PP de presentarse como el valladar contra el extremismo, la encuesta muestra la movilización de un electorado seducido por un pacto entre Podemos e IU tan artificial como oportunista y plagado de incertidumbres programáticas.(…) Ganar es una aspiración legítima de los partidos democráticos; el problema es que desconocemos los verdaderos planes del magma populista y radical formado por Podemos e IU. (…) No es tiempo de bajar los brazos ni de hacer campañas hipotensas, sino de señalar a los electores los riesgos que entraña la operación en marcha para deprimir al centroizquierda y hacerle frente con arrojo. Se quiere convencer a esa gran mayoría situada en las zonas ideológicas templadas de que no hay más alternativa que el PP o Podemos, cuando no es cierto. Esa impostura puede costarle muy cara a la sociedad española.”