Jordi Escuer

La movilización electoral de la izquierda ha impedido un gobierno de la derecha. El PP ha quedado sumido en la crisis más profunda de su historia y Vox muy por detrás de las expectativas (y de las bravuconadas de sus dirigentes). Incluso Ciudadanos está lejos de los resultados del PSOE. La movilización electoral tiene que seguir creciendo y unirse a la movilización social, para asegurarnos de derrotar a la derecha en las próxima cita electoral de mayo y para lograr que, además de vencer a la derecha, se apliquen políticas de izquierdas reales, que afronten los problemas que sufre la clase trabajadora y la mayoría de la sociedad.

La mayor participación en los barrios de clase trabajadora ha derrotado al “trifachito”. Un 75,75% en todo el Estado, con una subida del 9%, con casos récord como el de Catalunya con un incremento del 14%, sin llegar al 79,99% de 1982. La alta participación catalana resalta el carácter de movilización democrática que se está viviendo en Catalunya. Los resultados[1] han mostrado el potencial de las clase trabajadora cuando se moviliza.

La derecha ha cosechado una cantidad de votos similar a la que sacaba el PP en solitario en sus mejores momentos[2], pero repartido en tres candidaturas, lo que le ha hecho probar en sus propias carnes una ley electoral injusta[3], empeorando sus resultados. Siguen siendo los barrios de mayor renta donde la derecha obtiene sus mejores resultados, con el porcentaje mayor de apoyo a Vox, y donde la participación es más alta.

Si todo el voto potencial de la izquierda se movilizase, la derecha no podría ganar. Eso exige que la izquierda, cuando gobierne, no defraude y dé solución a los problemas de la clase trabajadora.

Además, en Catalunya y el País Vasco, la derecha española ha sufrido un fuerte varapalo como consecuencia de su postura reaccionaria con los derechos democráticos, con el derecho a decidir en particular. No ha sacado representación en Euskadi, y se queda por debajo del 20% de los sufragios entre los tres partidos en Catalunya, con una sola diputada del PP. Incluso Ciudadanos ha pasado de más de un millón de votos en las elecciones catalanas de diciembre de 2017, a 477.000 en estas generales, una parte importante de los cuales es probable que hayan ido al PSC.

El PSOE ha vuelto a situarse como el partido más votado de la clase trabajadora, que ha concentrado el voto para impedir el triunfo de la derecha. Incluso en Catalunya el PSC ha logrado 958.000 sufragios, convirtiéndose en la segunda fuerza más votada, justo por detrás de ERC que ha logrado algo más de un millón de votos.

El sano instinto de clase de muchos trabajadores y trabajadoras ha sido capaz de evitar un gobierno de la derecha, que habría dado más vueltas de tuerca en el recorte de los derechos democráticos y sociales. Se ha ganado una batalla, pero no la guerra.

 

Un gobierno que aplique políticas de izquierdas

Ahora, muchas personas tienen esperanzas en que Pedro Sánchez afronte esos problemas. Unidas Podemos debe darle su apoyo en la investidura, pero eso no es lo mismo que entrar en el Gobierno, porque la cuestión es qué política va a aplicar el nuevo gobierno. Al exigir un gobierno de izquierdas, UP debe poner sobre la mesa una negociación pública, no “discreta”, del programa de gobierno, resaltando los temas más importantes:

1.Ninguna persona debe carecer de un empleo digno o, mientras eso no sea posible, de un ingreso adecuado para vivir. Esa medida es urgente para acabar con la pobreza.

2.Garantizar que la Educación, la Sanidad y los Servicios de Dependencia y Sociales, son cien por cien públicos, con recursos suficientes, universales y gratuitos. Hay que empezar por volver al nivel de gasto público social de antes de la crisis, pasando de un techo de gasto actual de 119.000 millones a uno de 152.000 millones[4]o un 13,67% del PIB. Y ver con los representantes sindicales y de las organizaciones sociales cuáles son las necesidades reales.

3.Garantizar el empleo estable, eliminando las modalidades de contratación en precario, subir el SMI hasta lo que marca la Carta Social Europea, reducir la jornada laboral a 34 horas semanales sin reducción salarial y adelantar la edad de jubilación a los 60 años. Eso tiene que ir unido a la derogación de las contrarreformas laborales.

4.Establecer un plan de vivienda para alcanzar un parque público en alquiler, con medidas sobre la vivienda vacía y construcción de vivienda pública, para llegar al 25% del parque de vivienda, como en los países más avanzados de Europa, en lugar del 1,5% que tenemos actualmente. Garantizar que el alquiler nunca supone más del 30% de los ingresos de la unidad familiar.

5.Suprimir la tasa de reposición de las plantillas públicas y desarrollar el sector público, en los servicios sociales y en la economía productiva, para crear en él un millón de puestos de trabajo y convertirlo en la columna vertebral de la economía. Su gestión debe ser democrática, transparente y guiada por la atención de las necesidades sociales y el respeto al medioambiente.

6.Blindar por ley el Sistema Público de Pensiones, estableciendo un mínimo para las pensiones equivalente al Salario Mínimo Interprofesional.

7.Puesta en marcha de una reforma fiscal progresiva que garantice unos ingresos equivalentes a la media europea (con un incremento de 4,5% puntos con respecto al PIB), y que quienes más tienen más paguen, y que grave las rentas del capital, igual que las del trabajo.

8.Hacer una auditoría de la deuda pública.

9.Bankia debe actuar como banca pública vinculada a los planes de desarrollo social y del sector público.

10.Establecimiento de una consulta democrática en Catalunya amparada en el artículo 92 de la Constitución, con el compromiso de respetar el resultado y arbitrar los medios para poner en práctica su resultado, respetando la voluntad del pueblo de Catalunya. Indulto de todas las personas encarceladas por su participación en el referéndum del 1 de Octubre.

 

Todas estas medidas serán vistas como necesarias por muchísimos votantes socialistas. Pero el programa que necesita la clase trabajadora choca con las exigencias de la patronal y de la Unión Europea que, de hecho, le piden al PSOE que pacte con Ciudadanos o que, cuando menos, forme gobierno en solitario. La dirección del PSOE ya ha manifestado su intención de gobernar en solitario, sin atarse al resto de la izquierda. Pero se equivoca, pues si quiere atender las necesidades de su base social y no defraudarle, tendrá que enfrentarse a la derecha y a los poderes económicos, no va a poder contentar a ambos.

Ya en el acuerdo de Presupuestos para 2019 que suscribió UP con el PSOE, el incremento del gasto público era insuficiente para atender todos esos objetivos, y se quedaba por debajo incluso de presupuestos del PP de años anteriores[5].

Sánchez debe dejar de someterse a las presiones de la derecha y la burguesía española si quiere resolver la cuestión catalana y dar pasos para realizar una consulta democrática. Si se ha hecho en Quebec o Escocia ¿por qué aquí no?

Unidas Podemos debe presionar para un acuerdo programático que aborde en serio esas medidas, y el debate deber ser público. Necesitamos que el conjunto de la clase trabajadora sea testigo del mismo, puesto que en caso de no haber un acuerdo de gobierno que suponga un compromiso de atender las necesidades sociales, entrar en un ejecutivo con el PSOE sólo serviría para atarnos las manos y convertirnos en cómplices de una nueva decepción.

Tenemos una larga experiencia de gobiernos del PSOE que han decepcionado a su base social, con Felipe González y Rodríguez Zapatero. Pedro Sánchez se verá sometido a las mismas presiones y tendrá que optar: o ceder ante el poder económico, o apoyarse en la movilización social para aplicar medidas de izquierdas.

Si nos mantenemos firmes en la defensa del programa y de los intereses de la clase trabajadora, de los derechos democráticos y sociales, nos ganaremos el respeto de muchos votantes socialistas y reforzará a nuestra militancia. No es casual que la noche electoral hubiera gritos de “con Rivera no”, ante la sede del PSOE. Ese debería ser el objetivo de la negociación, que quede claro quiénes tienen intención de aplicar una política de izquierdas y quiénes no. Por eso hay que separar el voto en la investidura de la integración en un gobierno. Por eso hace falta luz y taquígrafos en la negociación del acuerdo de gobierno y no diplomacia secreta.

Ahora más que nunca, debemos alentar a la movilización, pues es la única forma de impulsar auna política de izquierdas y contrarrestar la presión de la derecha y la patronal. UP debe llamar a los sindicatos a elaborar una plataforma reivindicativa frente al gobierno y la patronal, con una campaña de asambleas, con sus delegados, en los centros de trabajo y movilizaciones en la calle, para que el Gobierno sienta la presión por la izquierda. IU debería abanderar esta propuesta.

 

El futuro de la izquierda transformadora

IU debe ser capaz de hacer un balance crítico de estos resultados electorales. No debemos conformarnos con que son “suficientes” para frenar a la derecha y condicionar un gobierno del PSOE.

La izquierda transformadora ha perdido más de un millón de votos respecto a 2016 y más de dos millones respecto a 2015. En aquella ocasión, el PSOE tuvo menos votos que Podemos e IU, pero ahora ha vuelto a convertirse en el principal partido de la izquierda. Y no debemos dejar pasar estas elecciones sin preguntarnos qué ha pasado para haber perdido semejante oportunidad. Sobre todo, porque va a haber otras y, si no aprendemos de nuestros errores, volveremos a tropezar en la misma piedra.

UP tiene la responsabilidad de empujar a los dirigentes del PSOE hacia la izquierda, no de moderar su propuesta para entrar en un Gobierno, y construir una alternativa. Si el gobierno del PSOE retrocede y no se enfrenta a los poderes económicos para desarrollar una política de izquierdas, hay que organizar la alternativa pues, de lo contrario, el riesgo es de una gran decepción que prepare el terreno para una victoria de la derecha.

Por eso, entrar en un ejecutivo con el PSOE, sin un programa de izquierdas, sería un error que pagaríamos caro. Tenemos suficientes experiencias de fracasos en este terreno, como nuestra participación en gobiernos de coalición en Andalucía, Catalunya o el País Vasco. IU debe tener un debate en sus propia filas y reclamarlo en UP antes de tomar cualquier decisión.

IU debe proponer una alternativa socialista. La solución a los problemas que se plantea la clase trabajadora y la sociedad no reside en otra gestión del mismo sistema, ni en una reforma fiscal (por muy partidarios que seamos de ella). Las reformas sociales y democráticas que exigimos necesitan ir unidas a un cambio de sistema social, a la superación del capitalismo. Las grandes fuerzas productivas deben ser públicas y sometidas a control democrático. No es una alternativa viable tratar de pilotar el capitalismo y embridarlo, como defiende Pablo Iglesias. Ya lo intentó la socialdemocracia y acabó precarizando el empleo, recortando el gasto social y los derechos, privatizando las empresas públicas…

La solución no estriba en crear una empresa pública energética para competir con las compañías privadas o poner a una Bankia pública a competir con la privada. No se trata de asegurar una competencia “justa”, sino de sustituirla por la cooperación y una administración democrática de los recursos económicos, de reemplazar la lucha por el máximo beneficio por la atención a las necesidades sociales y el respeto al medioambiente. Eso es el socialismo y desarrollar un programa inspirado en esa concepción es en lo que deberíamos estar trabajando, a la par que luchamos por cada reivindicación social y democrática. Es vital evitar que nos suceda como a Syriza cuando conquistó el apoyo mayoritario y entusiasta de la sociedad griega, pero claudicó ante la UE por falta de alternativa real, un debate que sigue pendiente.

La unidad en las elecciones, y aún más en la lucha, son muy importantes. Es fácil convenir en la necesidad de superar la división de la izquierda a la izquierda del PSOE, si queremos cambiar la sociedad. Pero esa unidad debe sustentarse en ideas, programa y métodos democráticos. Debe tener sus raíces en la asamblea de base. Debemos desterrar el cesarismo, los métodos plebiscitarios y apoyarnos en el trabajo colectivo. La humildad, el debate sincero y la autocrítica más dura, son imprescindibles para tener éxito.

El resultado de estas elecciones debe afirmar nuestra confianza en la clase trabajadora, pero no debe servir para evitar un debate vital y, aún menos, para integrarnos en un gobierno con Pedro Sánchez sin un debate transparente sobre el programa.

[1]https://resultados.eleccionesgenerales19.es/Congreso/Total-nacional/0/es

[2]En las elecciones de 2011, con 10.866.566 votos y 186 escaños.

[3]https://www.eldiario.es/politica/millones-votos-quedaron-representacion-Congreso_0_893811435.html

https://www.infolibre.es/noticias/politica/2019/05/01/el_bloque_colon_no_habria_obtenido_mayoria_absoluta_si_los_votos_vox_hubieran_ido_pp_94542_1012.html?utm_source=whatsapp.com&utm_medium=smmshare&utm_campaign=noticias

[4]Ese fue el techo de gasto del año 2008, el año anterior a la crisis. En la actualidad el gasto en sanidad es aproximadamente inferior en 9.600 millones de euros al que existía antes de los recortes. En vivienda, 8.000 millones inferior; en educación, 7.400 millones; en prestaciones por desempleo 7.200 millones; en cultura 5.700 millones, en familia e infancia, 2.700 millones, etc.

[5]http://www.porelsocialismo.net/la-gran-ilusion/