Javier Jimeno Torres

Creo que actualmente existen pocas dudas sobre el hecho de que la Sanidad es un sector esencial. Si no fuera por la existencia de una sanidad pública, hoy la situación de la pandemia sería catastrófica.

Lamentablemente, la hipocresía de la derecha no tiene límite y los mismos que ayer recortaron sin piedad la sanidad pública hoy pretenden convertirse en los adalides de la defensa de sus trabajadoras y trabajadores.

Conforme la pandemia va remitiendo, todos nos hacemos la misma pregunta: ¿qué nos depara el futuro? Resulta inevitable preguntarse qué magnitud va a tener la crisis económica y qué grado de devastación va a alcanzar en las condiciones de vida de amplios sectores de la población.

Y aquí reside la clave de toda la campaña de descrédito al gobierno orquestada por parte de la derecha. No solo están tratando de sacar rédito electoral del sufrimiento de la población. Pretenden también que la crisis económica se afronte desde sus planteamientos neoliberales ya aplicados en la anterior crisis de 2008.

Hoy, se les llena la boca con proclamas de mejoras salariales y pagas extraordinarias y subvenciones a fondo perdido para todo el mundo, a sabiendas de que al no estar en el gobierno, todo es pura propaganda. No obstante, cuando haya que afrontar la cuestión sobre cómo se va a pagar la factura del enorme coste económico de esta crisis, aparecerán de nuevo los recortes.

Que nadie espere que si la derecha llega al gobierno va a adaptarse a una nueva realidad. En su ADN está grabada la apuesta por lo privado y por la reducción de impuestos, que solo puede conducir a nuevos y más profundos recortes.

Pero, si bien de la derecha no espero nada, me preocupa mucho más qué va a hacer la izquierda frente a la “nueva normalidad”. 

Se nos habla constantemente de una salida justa de la crisis. De que nadie quede atrás. De que hay que reforzar lo público para fortalecer el “estado del bienestar”. Pero, desgraciadamente, para que las palabras se conviertan en hechos hay que concretarlas en medidas. ¿Cuáles son los sectores esenciales donde lo público debe ser decisivo?

Es obvio que la sanidad, la educación, la atención a la dependencia, los servicios sociales, las prestaciones de desempleo y la garantía de las pensiones constituyen la columna vertebral para garantizar una vida digna a la población. Se está hablando incluso de una renta básica limitada, aunque otros plantean que sea universal.

Para una salida justa de la crisis hacen falta muchas cosas, pero un instrumento esencial es la financiación, y la historia ha demostrado que la fiscalidad es insuficiente.

Es necesario que el sector financiero sea intervenido desde el Estado. Hay diversas formas de hacerlo, pero lo esencial es que quienes ya nos amargaron la vida una vez en la crisis de 2008, no puedan volver a hacerlo en esta.

No se puede volver a admitir que la enorme cantidad de dinero que se está liberando desde el Banco Europeo, desde los presupuestos de la Unión Europea y de España, sea en gran medida canalizado a través de la banca privada.

Y, sin duda, el otro sector que debería ser nacionalizado es el oligopolio de las energías: electricidad, derivados del petróleo y gas. 

Sobre estas tres patas, la fiscalidad, el sector financiero y la energía sí se podría hacer una reconstrucción económica atendiendo a las necesidades sociales y medio ambientales. De lo contrario, se volverá a cargar todo el peso de la crisis en los de siempre y unos cuantos más de la llamada clase media que se arruinarán.