Agustín Romero Clavero[1]

Al realizar un análisis de las últimas elecciones habrá que tener en cuenta multitud de variantes. El electorado puede votar diferentes opciones políticas en un mismo acto y, desde un punto de vista marxista, el resultado de una consulta electoral solo refleja la foto fija del proceso, pero que habría que ver todos los fotogramas de la película, para comprender así el estado de ánimo de las familias trabajadoras durante todo un periodo. Lo cierto e inevitable, es que ya están apareciendo análisis dentro de la izquierda que responsabilizan a los trabajadores (por enésima vez) del último desastre electoral, en las que se han perdido los ayuntamientos del cambio.

Después de las elecciones andaluzas, en Diciembre de 2018, decíamos: “Los resultados de las elecciones andaluzas han causado una profunda impresión en toda la militancia de la izquierda en el conjunto del Estado español. Es natural pues, a pesar de lo que algunos crean, las corrientes políticas superan no solo las demarcaciones de las autonomías sino las fronteras de los Estados. Cualquier proceso electoral tiene características particulares y, además, expresa la situación en un momento dado. El propio resultado ya habrá influido en muchas personas que se abstuvieron”.[2]

A continuación expondremos los datos desde las elecciones locales del 2015 a las últimas elecciones del 26 mayo en Andalucía. A pesar de que no están recogidos los datos de los diferentes comicios a nivel estatal, creemos que con los expuestos se pueden sacar algunas conclusiones del por qué de la pérdida de votos de las organizaciones a la izquierda del PSOE.

 

Como podemos ver en esta serie de datos de Andalucía, es en las elecciones locales del 26 de mayo, donde se dan los peores resultados para la izquierda alternativa al PSOE. Aunque tengamos en cuenta otras candidaturas de pueblos, (se llega hasta el 12,37% de porcentaje, unos 480.325) donde la izquierda se ha presentado con marcas específicas, aún así observamos que no se llega a los resultado de las andaluzas o generales.

Según los datos, en los barrios más empobrecidos, se han dado un mayor nivel de abstención, mientras que en las zonas más favorecidas socialmente, el electorado ha votado más. En grandes ciudades como Madrid, Barcelona, Sevilla, o Zaragoza, en las elecciones del 26 de Mayo el PSOE recupera electorado de los barrios obreros, pero no el suficiente, y en menor número que en las elecciones generales. En las grandes ciudades la abstención vuelve a oscilar entre un 4% y un 10% más que en las generales de abril. Tendremos pues que preguntarnos varias cuestiones:

1.-¿Por qué en menos de un mes se han dado estas variaciones en cuanto a la abstención?

2.-¿Por qué se ha perdido para la izquierda los Ayuntamientos del cambio (Madrid y Barcelona) con algunas honorables excepciones como la de Cádiz, Zamora, y otros pueblos como Marinaleda, Bollullos de la Mitación…?

3.-¿Por qué no se han podido ganar a la derecha?

Y mientras nos hacemos estas preguntas, observamos que los problemas fundamentales de las masas han variado muy poco en las grandes urbes:

-La falta de viviendas, acompañada de desahucios diarios, que están al orden del día.

-La juventud sigue sin futuro en los barrios, y muchos de ellos y ellas tienen que salir al extranjero a buscarse ese futuro (no es casual que en estas elecciones la influencia de la juventud a las urnas haya sido menor que en la anterior).

-Largas listas de espera en una sanidad, sin calidad.

-Una enseñanza cada día más cara para las familias.

-El deterioro cada vez más patente del medio-ambiente y la falta de medidas políticas al respecto.

-La precariedad en el empleo.

-El abandono de los barrios obreros (hasta dos meses antes de la cita electoral ), frente al centro de las ciudades, que se muestra bien limpio y ordenado, para que los fondos buitres hagan su agosto con el turismo ( desalojando a los vecinos del casco antiguo).

Ante estos datos y los que conocemos una vez finalizado el escrutinio, se puede inferir que las opiniones y conclusiones que sacan los periodistas y analistas de los medios controlados por las élites están motivados, no por los resultados y comportamiento electoral de la ciudadanía, sino por los intereses de clases.

El día siguiente a las elecciones, todos los candidatos y candidatas han ganado. Como siempre, nadie se siente perdedor. Incluso en la misma noche electoral los perdedores eufóricos brindan con champán a pesar de tener que formar gobiernos con Vox, igual que en las andaluzas.

Para la izquierda alternativa se vuelve a los niveles electorales de antes del 15M. Se pierden la mitad de los parlamentarios europeos, y están en peligro las dos capitales más importantes del Estado: Madrid y Barcelona. Todo ello sin que ningún dirigente haga una mínima autocrítica “digna” y no se siga profundizando en los errores que han conducido a la izquierda a esta situación.

No se tiene en cuenta una lección fundamental de política electoral: en periodos normales de ausencia de luchas y movilización social, cuando dos partidos socialdemócratas compiten por un mismo espacio electoral, “el grande se come al chico”. Esto lo sabemos desde el triunfo del PSOE en 1982, y por eso es un error seguir insistiendo en entrar en el gobierno de coalición con el PSOE, cuando no se tiene los mimbres para llenar la cesta.

Como demuestran los datos finales, el que la izquierda al PSOE fuera con dos candidaturas en las locales de la Capital del Reino no es lo que ha posibilitado que la derecha pueda hacerse otra vez con Madrid, por mucho que lo digan los diarios digitales. Con la misma experiencia, en 2015 ganó la izquierda (aunque es mejor ir unido que separado). En Sevilla, por ejemplo, ha confluido en una candidatura de izquierdas, sin embargo se ha obtenido un concejal menos que cuando no hubo confluencia. En las elecciones europeas se ha sacado la mitad menos de diputados que cuando se fue por separado en 2014.

En un universo electoral de tantos comicios, tenemos ejemplos para todos los gustos, y eso que las europeas, con el auge de la ultraderecha y la debacle de la socialdemocracia y los populares, se excede de estos apuntes.

Ahora es muy fácil hacer análisis del tipo: la culpa la tiene fulanito o menganita, o tal o cual dirigente. Y por supuesto que los dirigentes juegan un papel importante, lo mismo que los partidos de clase. Pero en este sistema social, donde el capitalismo es el que impregna las relaciones laborales y sociales, son las “condiciones materiales las que determinan la conciencia” (Marx), y es esta premisa la que debe guiar nuestro análisis para saber por dónde van los procesos, y poder intervenir lo mejor posible en la sociedad por el bien de nuestra clase. Por eso nuestra crítica a la dirección de los partidos de izquierda, no es a la personas en concreto, sino a la política, la táctica y la estrategia que han llevado a cabo, y que es la que puede influir en el proceso de toma de conciencia de la clase trabajadora. Esta conciencia explotó con las luchas del 15M, los partidos se convulsionaron. Desde IU no se entendió el proceso, a pesar de que sus militantes estaban mayoritariamente en las plazas con los jóvenes Y mientras sus dirigentes criticaban al movimiento de “apolítico”, la burguesía temblaba de lo que se le venía encima, y el PSOE una vez más, salvó los muebles (digo la monarquía).

Podemos surgió como una nueva experiencia contra el régimen del 78, pero surgió sin dirección política y de clase. Lo mismo que una ola arrastra a la orilla toda la suciedad del mar, el 15M fue la ola que quiso acabar con tanta suciedad. Pero le faltaba una herramienta, que se formó en torno a Podemos. Era el tiempo de la “casta”, de las marchas de la dignidad, de miles de personas hacía Madrid, de Vista Alegre, de los excelentes resultados en las europeas, de la “toma por asalto el cielo”. Pero a Podemos le ha faltado digerir con acierto tanto éxito. Después de una borrachera viene la resaca, sobre todo cuando se optó por sustituir el Ágora de las calles y las plazas por el institucionalismo y la moqueta. No es que no podamos utilizar las instituciones: lo que no debemos es perder nuestros orígenes y nuestros principios. El trabajo institucional es una herramienta para llegar a los problemas de las masas: se empieza olvidando las palabras y se termina olvidando el programa.

Los que más preocupa es que a la izquierda al PSOE (a pesar que los hechos y datos son irrefutables) siguen viendo la necesidad de la política interclasista (transversal), de entrar en un gobierno de coalición con el PSOE, cuando lo correcto sería impedir que la derecha gobernara, y consecuentemente pasar a la oposición parlamentaría. La izquierda transformadora debe poner en evidencia ante los ojos de las trabajadoras durante la legislatura las connivencias del Gobierno de Sánchez con el IBEX35, el FMI y la burguesía Europea. Pero a veces los árboles del cortoplacismo impiden ver el bosque, y como dice el refrán, “no hay peor ciego que el que no quiere ver”.

No se aprende de la experiencia de IU en los gobiernos en el País Vasco, con el PSOE en la Junta de Andalucía, o los más recientes de la Comunidad Autónoma Castilla La Mancha, donde Podemos ha pasado de estar en el Gobierno con el PSOE a que la dirección dimita debido a los malos resultados electorales.

En el análisis de las generales hace un mes planteábamos: “La movilización electoral de la izquierda ha impedido un gobierno de la derecha. El PP ha quedado sumido en la crisis más profunda de su historia y Vox muy por detrás de las expectativas (y de las bravuconadas de sus dirigentes). Incluso C’s está lejos de los resultados del PSOE. La movilización electoral tiene que seguir creciendo y unirse a la movilización social, para asegurarnos de derrotar a la derecha en las próxima cita electoral de mayo y para lograr que, además de vencer a la derecha,

 

se apliquen políticas de izquierdas reales, que afronten los problemas que sufre la clase trabajadora y la mayoría de la sociedad…Si todo el voto potencial de la izquierda se movilizase, la derecha no podría ganar. Eso exige que la izquierda, cuando gobierne, no defraude y dé solución a los problemas de la clase trabajadora”.[3]

Como se ha insistido en otros artículos y debates, lo más importante es ir acompañando a la clase trabajadora en su proceso de toma de “conciencia en sí, en conciencia para sí” (Marx), que nunca es lineal aunque a veces sea explosiva como durante la transición 1975 al 1977, la HG del 1988, el 15M del 2011 o las dos HG del 2012. Sin embargo, el trabajo de la izquierda del cambio en los últimos años ha sido demasiado institucional y con unas organizaciones sin músculos (organizaciones civiles y vecinales) supeditadas a sacar buenos resultados electorales sin base social. No se entendió que a partir de 2015 cambió el ambiente, coincidiendo con un descenso de las movilizaciones sociales y de las luchas sindicales (las mareas casi han desaparecido incluso electoralmente). No se ha sabido explicar el reflujo de este proceso, no se ha formado a los militantes y simpatizantes en este nuevo periodo, yendo corriendo sin “hoja de ruta” en las instituciones, que además, hay que saber que no son la mejor escuela para aprender a construir una nueva sociedad. “El cretinismo parlamentario” nos lleva a no potenciar la participación de las bases en todas las decisiones importantes y a dejar las asambleas sin función ejecutiva. Debemos recuperar cargos revocables en la organización en cada momento por los actores, y conformar un programa de izquierda basado en la discusión presencial de las afiliadas, adscritas, simpatizantes, militantes, con debates democráticos en asambleas. ¿Os acordáis de : “le llaman democracia y no lo es”?

No renunciamos a utilizar todos los resortes democráticos que hemos conquistado al sistema, pero no se puede cambiar la sociedad a través de Internet: luchar por una sanidad universal y pública, por una enseñanza de calidad pública y laica, por un puesto de trabajo digno, por unos barrios habitables y acordes con el medio ambiente, por una ley contra la violencia machista efectiva, por la derogación de todas las leyes franquistas aún vigentes( Verdad, Justicia y Reparación) a las víctimas del franquismo, por la derogación completa de la Ley Mordaza, por la anulación de las diferentes contrarreformas laborales llevadas a cabo por Zapatero y Rajoy, junto al derecho a la autodeterminación de los pueblos que así lo decidan democráticamente.

Tengamos claro que frenar los recortes sociales y avanzar en los derechos democráticos para los pueblos históricos, solo lo podemos hacer con la movilización.

[1]Militante de IU, activista del movimiento memorialista y votante de Adelante Andalucía.

[2]http://www.porelsocialismo.net/respondamos-al-desafio/

[3]http://www.porelsocialismo.net/convertir-la-derrota-de-la-derecha-en-una-oportunidad/