“¡On Lâche rien!” (No nos rendiremos)*

Alberto Arregui, miembro de la Coordinadora Federal de Izquierda Unida

Francia es el país donde las revoluciones llegan hasta el final, decía Marx, y esa es la esperanza que late de nuevo en el corazón de la izquierda al comprobar qué cerca ha estado de conseguir que el duelo en la segunda vuelta fuese un abierto enfrentamiento de clases. Pero no ha sido así, la segunda vuelta es una disputa interna entre la clase dominante, y surgen las dudas entre la izquierda, ¿qué hacer?

Se expresan en las elecciones francesas una serie de elementos comunes que están afectando a toda Europa, se podría decir que vivimos un proceso continental, tanto en lo económico como en lo político, pero es un país con una potente personalidad histórica propia; el país de la revolución burguesa paradigmática, de la Comuna de París, del Mayo del 68. Nos exige comprender también sus particularidades.

Lo primero de todo es desprenderse de lo que el propio Marx llamaba “cretinismo parlamentario”, y asumir que las elecciones son importantes, pero que el destino de la clase trabajadora se dilucida en el día a día, en nuestra capacidad de movilizar, de hacer crecer la conciencia, de cambiar la correlación de fuerzas entre las clases. Ese punto de partida cambiará nuestra perspectiva, pues el dilema no es “a qué amo votar”, sino cómo acabar con los amos.

Nuestro destino no se juega el 7 de mayo, en el terreno electoral se ventiló el pasado día 23 de abril, y perdimos. Ahora toca analizar ese resultado, corregir los errores, preparar las próximas batallas, que no son sólo electorales, y entender siempre que la estrategia determina la táctica y que, por tanto, contribuir a crear la imagen de que Emmanuel Macron es el freno de la extrema derecha lo que hace es dañar nuestro futuro.

La obligación de la izquierda es denunciar el papel de Macron, en este terreno nada que añadir al magnífico artículo de nuestra eurodiputada Marina Albiol, y ser consecuentes con ello. En el centenario de “Las tesis de abril”, de Lenin, no está de más repasar su reflexión sobre la necesidad de combatir cualquier ilusión en la burguesía, poner en evidencia a sus representantes y “explicar pacientemente” las ideas, para ganar apoyo al programa del socialismo.

¿Por qué Mélenchon no llegó a la segunda vuelta? Esa es la primera pregunta que deberíamos responder con claridad antes de correr como pollos sin cabeza tras el candidato de la burguesía.

 

El papel de la socialdemocracia

La victoria de Hollande en 2012, fue dilapidada rápidamente por el Partido Socialista; en lugar de hacer realidad las ansias de la clase trabajadora y la juventud de Francia, se puso pronto del lado de los poderosos en todos los terrenos, se enfrentó a los sindicatos, promovió contrarreformas laborales, y aceptó las tesis de la derecha en terrenos como la seguridad y el belicismo.

El desempleo se ha mantenido en torno al 10% en los últimos años (más de 3 millones de personas en paro), pero eso significa que entre la juventud de menos de 25 años, 1 de cada 4 carece de empleo, lo que ha repercutido en un grave malestar social y conflictividad. Además en Francia, como en toda la UE, se produce cada vez más la existencia de un mercado de trabajo “dual”, es decir que los viejos puestos de trabajo mantienen a duras penas las conquistas de la clase obrera en derechos laborales, pero los nuevos empleos, sobre todo destinados a la juventud e inmigrantes, se conciertan en condiciones precarias con destrucción de esos derechos. La patronal exige la igualación, por supuesto a la baja, algo en lo que insiste la OCDE.

Todo ello en el contexto de la política de la Unión Europea (es decir, del propio gobierno francés y sus aliados), de reducir el déficit a costa de la disminución del gasto social. El PIB per cápita ha caído en los últimos años y al producirse una transferencia de las rentas del trabajo a las del capital ha provocado un aumento de las diferencias sociales. La clase obrera francesa vive hoy peor que cuando Hollande ganó las elecciones, los atentados y la guerra han provocado una sensación de inseguridad, y la política xenófoba ante el problema de los refugiados han contribuido a generar un caldo de cultivo adecuado para buscar una salida a la incapacidad del sistema frente a las necesidades de la población. Si la izquierda no ofrece alternativa se busca hacia la derecha.

 

La actuación de la clase dominante

Hay una idea clave, sin la cual no podemos comprender lo que está pasando en el país vecino, ni lo que está pasando en el Reino de España: de esta crisis no sólo surge el apoyo a las propuestas de la extrema derecha, lo que se produce es un ambiente propicio para el cambio en el ambiente social, en la conciencia de masas, se cuestiona el sistema en su conjunto y, sólo si la izquierda fracasa, abre el camino al respaldo a la extrema derecha incluso a las formaciones filo fascistas.

La clase dominante entiende perfectamente ese proceso y toma parte en él y, seamos conscientes, para frenar a una verdadera izquierda transformadora siempre está dispuesta a utilizar a sus peones de extrema derecha. La existencia del Front National es un recurso, un “mal menor”, si lo queremos llamar así, que tiene dos funciones: estimular valores reaccionarios que comparte toda la derecha: el nacionalismo, el colonialismo (la grandeur), la xenofobia, el racismo, es decir la división de la clase trabajadora. Ya que la derecha y la extrema derecha comparten principios y valores y, sobre todo, tienen el mismo enemigo: el socialismo. La principal diferencia es una cuestión de ámbito, mientras la mayor parte de la burguesía francesa piensa en “La Europa fortaleza”, la extrema derecha defiende “La Francia fortaleza”.

La otra función que cumple Le Pen, es permitir a la burguesía “moderna”, “el centro”, presentarse como salvadores de la patria, como el único freno a la locura de la extrema derecha nacionalista, y ese es el papel de Macron, y su “En Marcha”, en estos momentos.

Y si entendemos eso entenderemos el papel del Partido Socialista francés que se ha autoinmolado para frenar a la izquierda, algo muy parecido a lo que ha hecho el PSOE, y con similitudes al proceso en los Países Bajos, o antes el PASOK.

Es necesario distinguir entre las bases y los dirigentes del PSF, que han jugado un papel decisivo en impedir que exista una candidatura de la izquierda en la segunda vuelta.

Sólo había un candidato de la izquierda con posibilidades claras de pasar a la segunda vuelta y era el candidato de la Francia Insumisa, Jean Luc Mélenchon. El PSF estaba desecho y muchos de sus dirigentes, al perder el control del partido por la elección de Hamon, pidieron abiertamente el voto a Macron. Eso se llama alta traición, cambiar de lado de la barricada. Dejémoslo claro: una parte decisiva del PSF no sólo ha defendido en el gobierno una política favorable a la clase dominante, no sólo de su seno ha surgido el apoyo al partido de Macron, sino que han demostrado de sobra que prefieren un partido de la burguesía, sea Macron o sea Le Pen, a la posibilidad de un gobierno de la izquierda transformadora representado por Mélenchon. Como sucedió en el Reino de España, que apoyaron a Rajoy y se cargaron a Sánchez para impedir un gobierno de izquierdas. No se trata de algo nuevo, la socialdemocracia se está escindiendo en toda Europa y una parte se pasa ya sin tapujos al enemigo con armas y bagajes, mientras la otra se mantiene atónita, y le debemos ofrecer una mano para intentar que escoren a la izquierda.

El PS, sus dirigentes, son los responsables directos tanto de la derrota de la izquierda como del ascenso de la extrema derecha y, sobre todo, del deterioro de las condiciones de vida de la población en Francia que es lo que alimenta la búsqueda de una alternativa desesperada.

 

Francia Insumisa

La coalición encabezada por Mélenchon, la Francia Insumisa, ha hecho un gran trabajo. Aunque no ha sido capaz de recoger toda la pérdida de votos del PS, el frente de la izquierda gana en 4 de las 10 principales ciudades de Francia, lo que demuestra que la clase obrera sigue siendo la base sólida, y la reacción sigue apoyándose especialmente en la Francia campesina y pequeño burguesa y el resultado global de la primera vuelta ha reflejado un avance global de la derecha.

El crecimiento en apoyo a FI durante la campaña demuestra las opciones que existen para construir un movimiento potente de transformación social y revela cosas muy importantes. Cuanto más llega a las raíces el discurso de la izquierda, poniendo en cuestión el sistema, más respaldo concita, y la unidad en torno a un programa de transformación social, se convierte hoy en un prerrequisito para poder disputar el poder a la derecha.

La experiencia de Syriza en Grecia ya nos mostró ese camino, y el fracaso en el Reino de España por la tardanza en unir las fuerzas de la izquierda en el momento apropiado, también refuerza esa tesis. Pero Grecia, de la que ya nadie habla, nos dió otra gran lección, la necesidad de una movilización en aumento para derrotar a la burguesía y sus partidos; las huelgas generales gestaron el crecimiento electoral de la izquierda. La claudicación posterior de Tsipras y su gobierno, no invalida la lección del triunfo electoral.

De hecho, es el ejemplo en el que la izquierda de toda Europa debiera mirarse para comprender dos cosas esenciales: cuál es el camino del triunfo, y la necesidad de no rendirse al día siguiente de llegar al gobierno como hizo Tsipras. En definitiva, no basta ganar, es necesario estar decidido a llevar a cabo el programa de transformación socialista de la sociedad al conquistar esa mayoría. Pero, de momento, en el caso de Francia, y del Estado español, estamos aspirando a la primera parte de ese camino, la necesidad de conquistar el apoyo de la mayoría de la sociedad.

 

La unidad y el izquierdismo estéril

De nuevo la división de la izquierda aparece como un elemento decisivo, y esta vez por dos costados, pues incluso aún con esa posición del PSF, si Lucha Obrera (LO) y Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) hubiesen dado su voto a Mélenchon, hoy el enfrentamiento sería de clase contra clase, izquierda y derecha, o como queramos llamarlo, pues esos votos residuales, que sólo sirven para una reafirmación sectaria, hubiesen sido suficientes para dar la victoria al candidato de la izquierda sobre Le Pen. Incluso sin contar con el factor multiplicador, simplemente la suma aritmética de estos dos pequeños grupos izquierdistas, al resultado obtenido, colocaría a FI por encima de la ultraderecha.

En lugar de reforzar el ala de izquierda de la coalición, han derrochado una ocasión decisiva para la recuperación del movimiento social, no sólo en Francia sino en el conjunto de Europa, pues si algo nadie puede poner en duda es que Europa es un campo de batalla común, donde existe un contagio, un trasvase de los acontecimientos. Una victoria de la izquierda abriría las puertas a la idea más importante: recuperar la confianza, entender que la transformación de la sociedad es posible.

Al tiempo se ve el papel desorientado de los dirigentes del PCF, ya que su participación en la France Insoumise es un reconocimiento implícito de que el partido comunista ya no tiene capacidad para presentarse por su cuenta a las elecciones, algo por otra parte común a toda Europa. Si reconociesen este hecho avanzaríamos mucho en la necesaria metamorfosis de la izquierda marxista, pero en lugar de ello buscan destacar por su cuenta y ha sido un rasgo sectario el pronunciarse por el voto a Macron sin esperar al debate interno en el frente de la izquierda, con lo que perjudican el ambiente de unidad y se perjudican a ellos mismos.

Los dirigentes del PCF esgrimen las diferencias entre Le Pen y Macron para justificar el llamamiento a votar al líder de En Marcha, pero la tarea es justamente la contraria, la de explicar las grandes, esenciales, similitudes entre ambas candidaturas.

La izquierda no puede aceptar la más mínima responsabilidad sobre las consecuencias de la política que aplicará Macron, pues eso le dejaría el terreno abierto a la ultraderecha. Cualquier obrero despedido, sindicalista que sufra represión, funcionario que vea reducidos sus derechos, joven que se vea en el paro o el empleo precario nos dirá “¿Por qué me dijisteis que votase a Macron, mirad, ha destruido mi vida?”. Y qué harán tantos militantes honestos del partido comunista entonces ¿una reflexión sobre la necesidad de apoyar a una fuerza “patriótica” y burguesa, frente a otra burguesa y “nacionalista”? Muchas de esas personas desesperadas pueden entonces volver su vista a ese populismo de derechas que encarna el Frente Nacional, al desconfiar de una izquierda que le aconsejó mal.

No podemos hipotecar nuestro crédito de mañana por un tacticismo hoy, cuando además es falso que Macron frene a Le Pen, ¡Macron es la antesala de Le Pen!

 

Macron es la antesala del triunfo de la extrema derecha

Francia Insumisa, representaba la única esperanza frente a la extrema derecha, lo que nunca aceptaremos es la idea más perversa que está utilizando la derecha europea, al afirmar que ellos son el freno a la extrema derecha. ¡No! La derecha es la pista de despegue del Frente Nacional, alimentando la desigualdad social, la xenofobia, el racismo y nacionalismo más rancio de “la grandeur”.

Negamos la mayor: Macron no frenará a Le Pen, al contrario, es la antesala del triunfo de la extrema derecha, y eso debemos decirlo desde hoy, en voz muy alta: ¡Solo un frente unido de la izquierda puede frenar a Le Pen y a la derecha!

Macron fue ministro con Hollande, es decir, el representante directo de la burguesía francesa en las filas de la socialdemocracia, y cuando lo ha visto necesario se ha prestado a una operación que podría compararse, salvando las muchas distancias y sobre todo el resultado, a la creación artificial de Ciudadanos, algo para salvar los muebles, para engaño de incautos y frenar el ascenso de la izquierda presentando un lavado de cara de los amos de Francia. Este señor venía de la Banca Rothschild, se formó en L`ENA (La escuela nacional de administración, donde se forman las élites), y formó parte de la comisión Attali, vinculada a la CAC 40 (el equivalente al IBEX 35). Su posición de clase no ofrece dudas. Quieren hacer creer que surge limpio e inmaculado, pero está infectado de su participación directa en la defensa del sistema.

Presentan a Le Pen como “un ogro”, metiendo miedo, y así la utilizan para agrupar el voto en torno a Macron y darle legitimidad a los recortes y la política antiobrera que practicará ¡No podemos caer en esa trampa saducea!

 

No crear falsas ilusiones

La izquierda debe proclamar claramente que ni un solo voto debe ir a la filo fascista Le Pen, pero cometería un error si pide el voto al representante del capital, Monsieur Macron, pues sería crear una falsa ilusión.

La opción entre “En Marcha” y “Frente Nacional”, es una división entre la derecha, una discusión de cuál es la mejor manera de mantener la sociedad injusta en la que vive el pueblo francés. Pedir el voto a Macron sería mentir a la gente, decirles que debemos apoyarles porque son “mejores”, y eso es una falsedad, son los mismos perros con distintos collares. Sería lo mismo que decir que Rivera, o Aznar, son mejores que Rajoy, o que Cifuentes resolverá los problemas que creó Esperanza Aguirre, simples mentiras, un espejismo. La verdad es muy concreta, las diferencias entre la política de Macron y Le Pen, sólo son de “cantidad”, pero el fondo, capitalista, racista, xenófobo, nacionalista y belicista, es el mismo. No podemos aceptar ninguna responsabilidad por la política que aplicará la burguesía francesa en la próxima etapa de gobierno.

La izquierda no tiene ninguna responsabilidad en esta disputa entre los poderosos, es una trampa el poner en nuestros hombros la responsabilidad de una situación que ha sido creada al alimón entre la derecha francesa, y el PS.

La responsabilidad de la izquierda es explicar que son dos flancos del mismo enemigo al que nos debemos enfrentar, y que debemos formar la fuerza capaz de expresar en su organización y en su programa las aspiraciones de la clase trabajadora, de la juventud, de la mujer, de las personas migrantes, para transformar Francia, para transformar Europa, y en esa batalla deberemos derrotar todo lo que representan Macron y Le Pen.

La consigna dela Francia Insumisa debe hoy resonar de nuevo, allí y en toda Europa: ¡No nos rendiremos! (On lâche rien)