A 200 años de su nacimiento

“Toda la concepción de Marx no es una doctrina, sino un método. No ofrece dogmas hechos, sino puntos de partida para la ulterior investigación y el método para dicha investigación.”

Federico Engels, carta a Werner Sombart, 11, 3, 1895

Alberto Arregui y Jordi Escuer[1]

Publicado en Cuarto Poder

Ningún otro pensador ha asociado tan firmemente su nombre a los grandes cambios en la manera de percibir nuestra propia historia, en el cuestionamiento de la realidad tal cual es, y planteado posibles alternativas a los problemas de injusticia que atenazan a la sociedad humana en los últimos siglos de historia. En el bicentenario de su nacimiento las principales ideas de Marx conservan su carácter revolucionario, su utilidad para oponerlas a este sistema que está degradando la dignidad humana y poniendo en riesgo la supervivencia de la Tierra como planeta habitable.

Cualquier duda al respecto quedó despejada por la tozuda realidad con la crisis económica desatada como una tormenta global en 2008. El muerto al que los ideólogos del pensamiento único habían matado goza de buena salud; sólo recurriendo al genio de Tréveris se puede explicar la gigantesca crisis de sobreproducción del sistema capitalista que provocó una conmoción en forma de crisis financieras, desempleo, inestabilidad social, guerras y desplazamientos masivos de población en todo el mundo.

 

Materialismo dialéctico y no economicismo

Sus aportaciones en el campo de la economía ocupan la mayor extensión de su obra y no es ninguna casualidad, pues se propuso combatir un sistema social que se asienta sobre unas determinadas relaciones de propiedad que concentran la riqueza en manos de una minoría privilegiada, en un polo, y la pobreza en el otro ¡He ahí la médula del pensamiento marxista y también el fundamento del equívoco, al considerarlo sólo un economista! Marx tocó los campos vitales del pensamiento humano, tildarle de “economicista”, de ceñirse a la economía en exclusiva, supone un desconocimiento de su obra. Engels lo deja muy claro:

“…Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante, convertirá aquella tesis en una frase vacua, abstracta, absurda (…)

Somos nosotros mismos quienes hacemos nuestra historia, pero la hacemos, en primer lugar, con arreglo a premisas y condiciones muy concretas. Entre ellas, son las económicas las que deciden en última instancia. (…) El que los discípulos hagan a veces más hincapié del debido en el aspecto económico, es cosa de la que, en parte, tenemos la culpa Marx y yo mismo.”[2]

El marxismo es una filosofía, este es el punto de partida. “Puso en pie” la dialéctica hegeliana al unirla al materialismo, y suprimir el misticismo idealista que la obstruía. Había que buscar en las condiciones de existencia materiales el punto de partida de los procesos históricos: “era menester buscar la anatomía de la sociedad civil en la economía política”[3]. Y había que dejar de considerar las contradicciones como algo irracional y entender que son las fuerzas internas contradictorias, en la naturaleza y los procesos sociales, las que generan el movimiento y la transformación. Los cambios cuantitativos producen saltos cualitativos. Y contrastó ese método especialmente en la economía política y la historia, pero no sólo en esos campos.

Criticó la concepción burguesa del Derecho comprendiendo que, además de una acumulación histórica de normas en las relaciones sociales, es la expresión en las relaciones humanas del “derecho del más fuerte”, de las relaciones entre las clases y, por tanto, significa también un equilibrio de dominio que expresa el papel del Estado en la sociedad de clases. Que “el bien común” no existe, que la sociedad civil es una sociedad con intereses contrapuestos entre las clases y el Derecho lo establece la clase dominante.

En el terreno de la psicología, no es una casualidad que él y Sigmund Freud sean coetáneos, pues llevaron a cabo una revolución en lo que concierne al concepto de la psique humana. Freud llegó a percibir el fondo del problema en su Malestar en la cultura, pero es Marx quien comprende la relación entre la base material de la sociedad y la interacción humana con la misma, que provoca los condicionantes del pensamiento y de la acción.

Sus aportaciones al explicar que “no es la conciencia de los hombres la que determina su ser sino, por el contrario, es su existencia social lo que determina la conciencia[4]y que, por tanto, las clases sociales determinan su pensamiento de acuerdo con sus intereses materiales, es el equivalente en la psicología de masas a las aportaciones del fundador del psicoanálisis en el terreno de la psicología del individuo. La “cura” a este mal solo puede venir de la revolución social. Esa tarea corresponde a la clase obrera debido a la posición que ocupa en las relaciones de producción, lo que hace de ella el sujeto histórico llamado a superar la sociedad capitalista.

 

Clase trabajadora y revolución social

En el terreno de la historia, la protagonista absoluta es su concepción de la lucha de clases como fuerza motriz de la historia humana. Marx concluye que la clave del desarrollo histórico es que la viabilidad de todo sistema socio económico depende de su capacidad para desarrollar las fuerzas productivas y aplica la dialéctica para comprender cómo funciona ese motor interno que mueve la sociedad:

“Al llegar a una fase determinada de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas, y se abre así una época de revolución social.”[5]

No descubre la lucha de clases, pero desentraña como nadie su dinámica, sus leyes internas y su desarrollo histórico. Lo resume con precisión en su carta a Pavel Vasilievich Annenkov, en 1846:

“¿Qué es la sociedad, cualquiera que sea su forma? El producto de la acción recíproca de los hombres. ¿Pueden los hombres elegir libremente esta o aquella forma social? Nada de eso. A un determinado nivel de desarrollo de las facultades productivas de los hombres, corresponde una determinada forma de comercio y de consumo. A determinadas fases de desarrollo de la producción, del comercio, del consumo, corresponden determinadas formas de constitución social, una determinada organización de la familia, de los estamentos o de las clases; en una palabra, una determinada sociedad civil. A una determinada sociedad civil, corresponde un determinado orden político (état politique), que no es más que la expresión oficial de la sociedad civil. Esto es lo que el señor Proudhon jamás llegará a comprender, pues él cree que ha hecho una gran cosa apelando del Estado a la sociedad civil, es decir, del resumen oficial de la sociedad a la sociedad oficial.

Huelga añadir que los hombres no son libres árbitros de sus fuerzas productivas —base de toda su historia—, pues toda fuerza productiva es una fuerza adquirida, producto de una actividad anterior. (…). El simple hecho de que cada generación posterior se encuentre con fuerzas productivas adquiridas por la generación precedente, que le sirven de materia prima para la nueva producción, crea en la historia de los hombres una conexión, crea una historia de la humanidad…”

Marx dedicó una gran parte de su esfuerzo a conseguir tener una concepción filosófica, sociológica, histórica y psicológica, que le permitiera bucear en la estructura y superestructura de la sociedad capitalista. Es en el terreno de la historia y de la economía donde las ideas de Marx se han hecho más populares y, también, donde la burguesía siempre ha intentado enterrar a Marx “definitivamente”. Sin embargo, sus principales postulados siguen siendo vigentes.

Ideas tan innovadoras como que la clase obrera debe transformarse de “clase en sí a clase para sí[6], para ser capaz de afrontar su tarea histórica de transformación social, son en sí mismas el logro de un genio de la psicología. Hoy es un lugar común hablar de que la clase trabajadora “tradicional” ya no existe[7], ignorando el hecho de que es la propia lucha la que transforma su conciencia de clase. “Estaba allí con gente a la que amaba y junto a la que trabajaba, luchando juntos para lograr algo, fue lo más poderoso que sentí en mi vida”[8], declaraba una joven trabajadora de MacDonalds en Gran Bretaña, en la primera huelga que hacía en su vida.

La comprensión del papel de la lucha en la evolución de la conciencia de clase, su importancia, que se refleja muy bien en La ideología alemana[9], es determinante en el pensamiento revolucionario de Marx. Se pueden poner dos ejemplos que demuestran su vigencia, la juventud de su pensamiento hoy en día y, al tiempo, el desconocimiento actual del pensamiento profundo del fundador del socialismo científico.

Uno lo encontramos en su afirmación de que “para engendrar en masa esta conciencia comunista como para llevar adelante la cosa misma, es necesaria una transformación en masa de los hombres, que sólo podrá conseguirse mediante un movimiento práctico, mediante una revolución; y que, por consiguiente, la revolución no sólo es necesaria porque la clase dominante no puede ser derrocada de otro modo, sino también porque únicamente por medio de una revolución logrará la clase que derriba salir del cieno en que se hunde y volverse capaz de fundar la sociedad sobre nuevas bases” [el subrayado es nuestro].

El otro pensamiento sólo lo dejó apuntado y, sin embargo, es una piedra angular para comprender la degeneración y vuelta al capitalismo en la URSS, Europa del Este y China. Señala Marx que la precondición para una revolución es el desarrollo de las fuerzas productivas, pues “este desarrollo de las fuerzas productivas (que entraña ya, al misma tiempo, una existencia empírica dada en un plano histórico-universal, y no en la existencia puramente local de los hombres) constituye también una premisa práctica absolutamente necesaria, porque sin ella sólo se generalizaría la escasez y, por tanto, con la pobreza, comenzaría de nuevo, a la par, la lucha por lo indispensable y se recaería necesariamente en toda la porquería anterior; y, además, porque sólo este desarrollo universal de las fuerzas productivas lleva consigo un intercambio universal de los hombres, en virtud de lo cual, por una parte, el fenómeno de la masa «desposeída» se produce simultáneamente en todos los pueblos (competencia general), haciendo que cada uno de ellos dependa de las conmociones de los otros y, por último, instituye a individuos histórico-universales, empíricamente universales, en vez de individuos locales. Sin esto, 1) el comunismo sólo llegaría a existir como fenómeno local, 2) las mismas potencias de relación no podrían desarrollarse como potencias universales y, por tanto, insoportables, sino que seguirían siendo simples «circunstancias» supersticiosas de puertas adentro, y 3) toda ampliación de la relación acabaría con el comunismo local. El comunismo, empíricamente, sólo puede darse como la acción «coincidente» o simultánea de los pueblos dominantes, lo que presupone el desarrollo universal de las fuerzas productivas y el intercambio universal que lleva aparejado.” [el subrayado es nuestro]

Se muestra aquí el Marx cosmopolita, en la economía y en la lucha de clases. La proclama “proletarios de todos los países uníos[10], no es una consigna, es mucho más, es en sí misma todo un programa que en nuestra época cobra una vitalidad mayor que en siglo XIX.

[1]Alberto Arregui es miembro de la Coordinadora Federal de IU, y Jordi Escuer de la Coordinadora de IU Madrid. Ambos son promotores del Manifiesto por el socialismo, www.porelsocialismo.net

[2]Carta de Federico Engels a Joseph Bloch, 21 de septiembre de 1890.

[3]Prólogo a la Contribución a la crítica de la Economía política, Carlos Marx, 1859.

[4]Prólogo a la Contribución a la crítica de la Economía política, Carlos Marx, 1859.

[5]Prólogo a la Contribución a la crítica de la Economía política, Carlos Marx, 1859.

[6]“Las condiciones económicas transformaron primero a la masa de la población del país en trabajadores. La dominación del capital ha creado a esta masa una situación común, unos intereses comunes. Así pues, esta masa es ya una clase con respecto al capital, pero aún no es una clase para sí. En la lucha, de la que no hemos señalado más que algunas fases, esta masa se une, se constituye como clase para sí. Los intereses que defiende se convierten en intereses de clase.La miseria de la filosofía, Carlos Marx, 1847.

[7]https://www.elconfidencial.com/cultura/2018-10-15/pablo-simon-entrevista-el-principe-moderno_1630537/

[8]https://www.eldiario.es/theguardian/McHuelgas-jovenes-britanicos-reescribiendo-capitalismo_0_821368637.html

[9]La ideología alemana, Carlos Marx y Federico Engels, 1846.

[10]Manifiesto del Partido Comunista, Karl Marx y Frederich Engels, 1848.