Recomendamos la lectura del artículo del catedrático Vicenç Navarro titulado “Por qué la mortalidad por coronavirus en España es de las mayores del mundo”, publicado en Nueva Tribuna el pasado 8 de abril de 2020, pues es un buen exponente de la búsqueda necesaria de aquellos factores determinantes en el nivel de extensión y mortalidad de la pandemia.

Partiendo de la limitación que ofrecen los datos pues no se cuenta, por ejemplo, con el número real de contagiados, sólo tenemos estimaciones, es evidente para V. Navarro que la tasa de mortalidad en algunos de los países avanzados, Italia, España y EEUU, es muy alta respecto a otros. 

Desde su punto de vista, el confinamiento no es suficiente eliminar la epidemia pues “reducir la expansión no es equivalente a que desaparezca”. Por eso, en primer lugar, destaca la importancia de los servicios de prevención y curación tanto sanitarios como sociales. Achaca a estos tres países ser los que tienen un menor desarrollo de los servicios públicos de sanidad y servicios sociales de su entorno, incluyendo la mayor escasez de material protector y curativo para atender la pandemia. A su vez son los que tienen mayor porcentaje de sus profesionales y trabajadores de la sanidad, servicios sociales y servicios esenciales contagiados. Da los datos de cuánto se ha recortado el gasto público gubernamental en los tres países entre 2009 y 2017, y sus consecuencias en la reducción de número de camas por habitante.

En segundo lugar, partiendo de esos datos pasa a analizar los condicionantes políticos de la pandemia, es decir, las consecuencias políticas de austeridad en el gasto público social. Para él hay “evidencia científica de que esas políticas han debilitado enormemente la capacidad de respuesta a la pandemia”.

Analiza otros factores que han contribuido como la descentralización de las compras y termina ese apartado afirmando que “responsabilizar al actual gobierno español de la elevada mortalidad es injusto” e incoherente sobre todo al venir de las formaciones políticas que han recortado el gasto social.

Y en tercer lugar, plantea la necesidad de que los estudios epidemiológicos, además del estudio de los orígenes y desarrollo de la epidemia, deberían incluir “los factores políticos, sociales y culturales que también son determinantes para entender la viabilidad en los niveles de mortalidad”.

Destaca el carácter de clase de las consecuencias al afectar especialmente a los trabajadores que no se pueden quedar en casa (el 35% de la población activa considerada sectores esenciales), a los trabajadores manuales que no pueden hacer teletrabajo, a las barriadas obreras por las características del vecindario y la vivienda, el nivel de renta, etcétera.

Y por último achaca a la dualidad Sanidad Pública-Privada parte de la responsabilidad del debilitamiento de la sanidad pública que finalmente también afecta a los usuarios de la segunda. Gastar recursos en la privada es un suicidio también para las clases altas pues los recortes terminan volviéndose contra todos.

Jesús María Pérez