Tras las elecciones en Andalucía

Jordi Escuer, Sergio Sánchez y Alberto Arregui[1]

Los resultados de las elecciones andaluzas han causado una profunda impresión en toda la militancia de la izquierda en el conjunto del Estado español. Es natural pues, a pesar de lo que algunos crean, las corrientes políticas superan no solo las demarcaciones de las autonomías sino las fronteras de los Estados. Cualquier proceso electoral tiene características particulares y, además, expresa la situación en un momento dado. El propio resultado ya habrá influido en muchas personas que se abstuvieron. Por ello no necesariamente se va a dar una traslación mimética de estos resultados en unas elecciones generales o en las próximas municipales, pero, qué duda cabe, se han expresado unas tendencias generales en la sociedad que nos interesa comprender para aprender y actuar en consecuencia.

Es una tarea imprescindible poner todo nuestro esfuerzo en analizar las causas profundas que han llevado a lo que debemos calificar como una derrota del conjunto de la izquierda. Sin un diagnóstico y una propuesta de acción estaríamos al pairo de los acontecimientos. Hemos cometido muchos errores, y nuestra obligación es corregirlos. Si una dirección política, sea la de IU o la de Podemos, se empeña en culpar a los electores en lugar de rectificar el rumbo seguido hasta ahora, nos dirigiría a una derrota mayor. Confiamos en contribuir no solo al diagnóstico sino también a la respuesta que estamos obligados a dar.

 

Andalucía no “amanece de derechas”

Los tres partidos de la derecha han sacado 300.000 votos más que en 2015, mientras que las dos fuerzas que representan a la izquierda han perdido 680.000 sufragios. Por eso, la suma de las derechas tiene mayoría absoluta: sobre todo por lo que pierde la izquierda[2].

La abstención ha sido la segunda mayor en la historia de los comicios andaluces. De cada diez votantes, cuatro se ha quedado en casa[3]. Una abstención mayoritariamente de izquierdas. El voto a la extrema derecha no ha venido de la clase trabajadora, como intentan hacernos creer desde distintos medios[4]. En las “Tres mil viviendas”, barrio del Sur de Sevilla, el PSOE tuvo el 43,1% de los votos y AA el 22,4%. Vox sacaba el 6%. Sin embargo, seis de cada diez personas con derecho a voto se quedaron en casa, una abstención un 50% mayor a la media[5]. Similar situación, en cuanto a la abstención, encontramos en los distritos de “Cerro-Amate” o en “Macarena” y “Macarena Norte”[6], donde se ha pasado de una participación del 62,44% al 50,18% , del 64,18% al 58,81% , y del 68,73% al 61,47% respectivamente. Por otra parte, en barrios como “Los Remedios” o “Nervión”, con una renta más alta, la participación casi no ha variado o lo ha hecho en menos de un punto porcentual respecto a las anteriores elecciones.

El voto de Vox se ha nutrido de anteriores votantes del PP, en zonas urbanas y con renta media alta[7]: “Vox consiguió sus mejores resultados en los municipios en los que la derecha era más fuerte en 2015. Es decir, a más voto a Ciudadanos o PP en las anteriores elecciones, más apoyos a Vox en 2018”, mientras que Vox saca sus resultados más bajos en los feudos socialistas de 2015 y, en general, “consiguió más apoyos en las elecciones andaluzas en los municipios urbanos, jóvenes, con mayor renta media por habitante y con más población con estudios superiores”.

En su conjunto, el voto de la derecha no ha crecido en la magnitud que tratan de presentarnos. En 2008, el PP obtuvo 1,73 millones de votos, su mejor resultado, 70.000 menos que los 1,8 millones que han sacado Cs, PP y Vox, en estas elecciones. En definitiva, más que un crecimiento aplastante de la derecha en Andalucía lo que ha sucedido es que se ha movilizado y radicalizado, mientras la izquierda ha seguido el proceso contrario.

Si comparamos los mejores resultados de los partidos de la izquierda en Andalucía, en número de votos, ha pasado de 2,59 millones de votos en 2004, a 1,6 en 2018. Casi un millón de votos menos. El PSOE ha perdido 1,27 millones, más de la mitad. Respecto a 2015, se le escapan 400.000 sufragios.

Adelante Andalucía pierde 280.000 votos sobre las anteriores elecciones y queda por debajo del resultado mejor que obtuvo IU en 1994, con 689.815 votos, el 19,14%. El respaldo al PSOE, que aumentó en los años de auge económico, sin alcanzar nunca el apoyo proporcional que tuvo en el año 82, ha ido cayendo con la crisis y su falta de alternativa. La izquierda suponía entonces el 66,51% de los sufragios, con 66 diputados y, en 2018, suma el 44,13%. Mientras, la derecha ha pasado de tener un 30% en 1982 al 50,1% en estas elecciones. Sin duda, se han invertido los términos.

Por eso, la primera pregunta no es por qué avanza la derecha, y la ultraderecha, sino por qué retroceden las fuerzas que representan a la izquierda, y de forma tan notable, además.

El PSOE no puede ofrecer una alternativa a las políticas de recortes y de derechas porque ellos mismos las han puesto en marcha en la Junta de Andalucía. Son corresponsables de que casi el 40% de la población andaluza viva en riesgo de exclusión social[8]y de que 800.000 personas estén en paro. Y eso no es una situación coyuntural, sino una realidad crónica en esta sociedad capitalista. Y el fenómeno, en distintas magnitudes se da en todo el Reino de España y, en realidad, en todo el mundo.

Crece la precariedad, se recortan los derechos sociales y las libertades democráticas que tanto costó conquistar. Pero esas pérdidas se producen, no sólo bajo gobiernos de la derecha, sino también bajo gobiernos de la izquierda. Las pérdidas en derechos laborales y sociales también se aplicaron bajo gobiernos de Felipe González o de Rodríguez Zapatero.

La propia Junta de Andalucía ha sido artífice de recortes durante estos años. Se le echará la culpa al gobierno de Mariano Rajoy, y sin duda tiene mucha responsabilidad, pero lo cierto es que Susana Díaz fue una de las responsables de que el PP siguiera en el Gobierno central.

 

La rebelión catalana, el 15M y Andalucía

Toda la derecha ha usado la cuestión catalana y la inmigración para movilizar su voto. Es claro el intento de culpar de problemas a la inmigración cuándo la falta de empleo y la explotación son producto de un sistema social, y de plantear la vuelta a la centralización y a la mano dura como la receta que resolverá los problemas económicos y sociales.

También es grande, desde la izquierda, la tentación de culpar de sus resultados al independentismo catalán y evitar discutir los problemas de fondo. ¿Qué ha hecho la izquierda en el Estado español ante la rebelión democrática en Catalunya? El PSOE respaldar al PP y, en todo caso, discrepar sobre si se les debe condenar por “rebelión” o por “sedición”.

La postura del PSOE ante Catalunya, empezando por la de Susana Díaz, ha alimentado a la derecha, en la medida que también ha defendido la represión. Su incapacidad de enfrentarse al PP y respaldar el derecho a decidir para dar un cauce democrático a las aspiraciones del pueblo catalán, algo que el PSOE defendía en los años 70 y que abandonó con los acuerdos de la Transición, ha reforzado a la derecha. En este terreno, igual que en el económico, los dirigentes del PSOE han demostrado que carecen de alternativa sustancial a la derecha y han provocado la desmovilización de su gente y alentado a la de la derecha, que siempre preferirá el original a la copia.

Unidos Podemos no ha sido capaz de defender con coherencia el derecho a decidir y no ha visto que, detrás de esa reivindicación, había un movimiento democrático con una enorme fuerza transformadora. Las actuales movilizaciones sociales que están produciéndose en Catalunya evidencian esa fuerza y cómo, si en lugar de ofrecer un referéndum pactado con el PP en el que nadie podía creer, se hubiera llamado a la movilización y denunciado la postura del PSOE, ahora estaríamos en posición de aunar la lucha social y por los derechos democráticos, disputándole la dirección del movimiento a la burguesía independentista y tendiendo puentes entre la movilización social en Catalunya y en el resto del Estado.

Existe una ley de la física, acción y reacción; tal como formuló Isaac Newton “Si un cuerpo actúa sobre otro con una fuerza (acción), éste reacciona contra aquél con otra fuerza de igual valor y dirección, pero de sentido contrario (reacción)”. Una revolución, o una rebelión a medias siempre activa a la reacción…Y hemos tenido dos episodios dignos de tener en cuenta, uno en torno a los años 2014-15 que cuestionaron la estabilidad del régimen del 78, y la rebelión del pueblo catalán que aterrorizó a la burguesía española.

Frente a ellos se ha desplegado una ola reaccionaria equivalente, y no porque estos movimientos fuesen inoportunos, sino porque no han tenido una dirección capaz de convertir la lucha en resultados.

Han sido lo suficientemente fuertes como para hacer reaccionar a los sectores más autoritarios y franquistas de la sociedad y lo suficientemente mal dirigidos para acabar desilusionando a quienes creyeron en ellos. De nuevo el factor subjetivo, la falta de una dirección audaz, dispuesta a defender con todas las consecuencias un programa de transformación socialista de la sociedad, ha sido decisivo.

 

La izquierda alternativa y el “frente antifascista”

Sin embargo, la política de la dirección socialista no es algo nuevo. Hace años que son evidentes las dos almas del Partido Socialista, una base social y unos orígenes con raíces en la clase obrera y unas direcciones plenamente integradas en el sistema. Eso es especialmente cierto en el caso de Andalucía, con casi 40 años en el poder.

Su desgaste ha sido una realidad, pues el crecimiento de IU en el pasado, y el de Podemos, desde su surgimiento, mostró que hay millones de personas que, en un momento determinado, se movilizan y buscan una alternativa. ¿Por qué no se es capaz de consolidarlo y ganar la mayoría?

No son hipótesis, la crisis del PP, los cambios de gobierno, las grandes movilizaciones sociales, demostraron a la clase dominante que el riesgo de que su régimen político se desmoronase era una amenaza real, y han reaccionado en consecuencia. La izquierda, al contrario, se ha visto subsumida en ese régimen, creyendo que desde las instituciones podía liderar un “cambio tranquilo”, o como llegó a decir Pablo Iglesias, ser un partido “del orden”, usando la expresión que hasta ahora se había reservado a los partidos autoritarios de la burguesía.

La izquierda alternativa, IU y Podemos, está cayendo una y otra vez en el institucionalismo y, aunque parezca contradictorio, en el sectarismo. Son dos caras de una misma moneda. Ni se debe identificar al PP y al PSOE como lo mismo, ni pensar que el objetivo se reduce a gobernar las actuales instituciones, con el PSOE ¡o solos!

La izquierda alternativa debe aspirar a ganar el apoyo de los millones de trabajadores y trabajadoras que, todavía hoy, respaldan al PSOE. Y eso no se puede lograr diciendo que son lo mismo que el PP o gobernando a renglón seguido con ellos. Se tiene que hacer poniendo sobre la mesa un programa de transformación social y del régimen político, y evidenciando que los dirigentes “socialistas” carecen una alternativa digna de ese nombre.

No vamos a poner la economía al servicio de la mayoría mientras los grandes medios de producción estén en manos de una minoría cada vez más rica. Nuestro programa es que todo el mundo tenga un empleo digno, con salarios decentes, con acceso real a la vivienda, a la sanidad y educación pública, a los servicios sociales, a cuidados… y eso es imposible de lograr sin nacionalizar los sectores estratégicos de la economía, de forma que se pueda poner en práctica una planificación democrática y descentralizada de la economía. En última instancia, es incompatible con el capitalismo y eso es lo que hay que explicar.

Por eso, nuestro papel en las instituciones debería estar subordinado a la movilización y no al revés. De forma democrática, el movimiento tiene que levantar los cimientos de una nueva sociedad y de unas nuevas instituciones, capaces de poner los recursos al servicio de las necesidades sociales y de forma respetuosa con el medio ambiente.

 

La propuesta de Adelante Andalucía

El programa de la izquierda debe dar soluciones a los problemas que se le plantean a la clase trabajadora y a la inmensa mayoría de la sociedad. ¿Qué respuestas ofrecemos a los parados, la falta de vivienda pública o de servicios públicos?

AA ha centrado su campaña en plantear establecer un suelo para el gasto sanitario, el educativo y el social del 7%, el 5% y el 2% respectivamente. También se reivindica subir el gasto en vivienda hasta el 2,5% del PIB ¿Qué supondrían esas medidas?  Un incremento de más de 6.000 millones de euros, un 20% más del actual presupuesto. ¿De dónde saldrían? De la modificación de la financiación autonómica, de una mayor progresividad de los impuestos y de una renegociación de la deuda.

El pago de la deuda supondrá este año 4.162 millones de euros (el 13,1% de todo el gasto, el tercer capítulo de gasto, por detrás de Sanidad y Educación, que suponen la mitad de todo el gasto público). La deuda asciende a algo más de 34.000 millones, y no ha dejado de crecer desde que empezó la crisis (en 2008 era de unos 8.000 millones de euros).

Si todo lo que ha sacado Unidos Podemos de la negociación con el gobierno del PSOE supone un incremento de poco más de 5.000 millones de euros para todo el gasto público estatal, o si vemos lo sucedido en el Ayuntamiento de Madrid, donde por superar la regla de gasto en 500 millones —según la interpretación de Montoro— se llegó a cesar al concejal responsable de Economía y Hacienda, es fácil hacerse una idea de la batalla que supondrá la autorización estatal y de Bruselas para un incremento de estas características.

Y sería insuficiente para atender las necesidades reales. Basta ver que en Andalucía hay 370.000 personas que llevan en paro más de 4 años, sin prácticamente ya ninguna ayuda[9]. Sólo darles una renta mínima equivalente al SMI actual (750 euros por 12 meses) supondría 3.350 millones de euros. O en materia de vivienda, donde la Junta sólo tiene 80.000 viviendas públicas sociales, un 0,86% del total de viviendas, cuando en países como Francia se alcanza un 17% o en los Países Bajos un 30%. Para llegar al 20% harían falta 1,8 millones de viviendas públicas sociales.

Si vamos a lanzarnos a una lucha para resolver los problemas sociales, hagámoslo con todas las consecuencias, no para reducir la desigualdad, el paro y la pobreza, sino para acabar con las causas de la misma. Si no, la experiencia nos dice que tenemos una alta posibilidad de acabar administrando la miseria.

 

El cambio en las relaciones de propiedad

La transición a un nuevo modelo energético y cambiar la forma de producir, para atender las necesidades sociales y hacerlo de forma sostenible, no puede llevarse a cabo sin el control real de los grandes medios de producción, sin cambiar las relaciones de propiedad. Porque el capitalismo está condicionado, en última instancia, por la competencia para lograr el máximo beneficio. No cabe duda de que una administración como la autonómica pesa en la economía (un 20%), pero la parte decisiva está en manos privadas, y van a ser las grandes empresas, desde el sector industrial a los bancos, y los grandes propietarios de tierras, los que determinen cuál va a ser el “modelo productivo”.

Por eso, deberíamos vincular la política autonómica al desarrollo de un sector productivo público —son solo de servicios sociales, sanitarios y educativos— y a la necesidad de nacionalizar los sectores estratégicos. Es la forma de ir elevando la comprensión del conjunto de los trabajadores y trabajadoras de que, si queremos una economía que priorice el pleno empleo digno, la atención de las necesidades sociales y una relación sostenible con la naturaleza, es imprescindible abolir la propiedad privada de las grandes fuerzas productivas.

No cabe duda de que se nos echarán encima todas las fuerzas “vivas” de la sociedad, pero lo van a hacer igual por un programa meramente reformista, y estaremos sembrando ilusiones en que por esa vía hay una solución real. Y no es verdad.

Un ejemplo lo tenemos en la propuesta de Banca Pública autonómica, que sigue la estela de la que se planteó cuando se gobernó con el PSOE y a la que le hicimos la siguiente crítica[10]en aquel entonces: “Una Banca Pública no puede ser únicamente un instrumento de inversión, una herramienta de apoyo al sector privado similar a organismos e instrumentos que han tenido y tienen las comunidades autónomas. El nuevo banco público no tendría capacidad de prestar si no capta depósitos de los ciudadanos. No tiene sentido, por lo tanto, una banca específica sin una visión generalista porque no tendría ni tamaño suficiente, ni solucionaría el riesgo sistémico de las entidades privadas que los ciudadanos seguiríamos sosteniendo”.

Añadíamos: “la propuesta de la banca pública es crucial para que se pueda poner en marcha una política alternativa real. Pero la titularidad pública de las acciones de los bancos no es suficiente para que tengamos una Banca Pública de verdad. ¿Acaso alguien ha notado que el 20% del sector ha sido nacionalizado? Para que eso ocurra, la gestión de los ahorros de la sociedad depositados en las entidades bancarias debe estar dirigida a la atención de las necesidades sociales, el desarrollo de unos servicios públicos de calidad y suficientes, y la erradicación del desempleo. Una banca pública fuerte permitiría impulsar otra política económica centrada en la creación de una estructura económica sostenible a medio plazo, con ramas empresariales e industriales tradicionales y nuevas, que permita erradicar el paro estructural y los desequilibrios territoriales, junto con la dependencia del monocultivo del turismo y la construcción”.

Y terminábamos planteando: “La primera medida que el Gobierno andaluz debería plantear en el proyecto de Ley para la creación de un Banco público sería negociar con el Gobierno central la consolidación como banca pública integrada de todas las entidades nacionalizadas por el Estado, de tal forma que la gestión de la misma en Andalucía pase a ser dirigida democráticamente por la Junta, transformándose en un pilar central de la política económica en todo el territorio, priorizando el desarrollo económico y social. Además, debería aprovecharse la tramitación de la ley para exponer la necesidad de que todas las cajas de ahorros y sus bancos participados sean nacionalizadas y se incorporen a esa banca pública. Y de que todas las ayudas públicas al resto de bancos privados den pie a la entrada de representantes públicos en sus consejos de administración. Y, finalmente, plantear la necesidad de una auditoría pública y fidedigna de cuál es la situación financiera real de dichas entidades y que se saneen prioritariamente a costa de sus accionistas y acreedores, y no del erario público”.

Finalmente, hay que señalar que tampoco nos convence el planteamiento que “Andalucía como centro político” de la propuesta de AA. Estamos a favor de defender los derechos democráticos del pueblo andaluz, y proponemos un modelo federal de organización, pero Andalucía está dividida en clases, por eso no somos nacionalistas sino internacionalistas. Estamos más unidos a la clase obrera del resto del Estado y del mundo que a los terratenientes y burgueses andaluces.

La contradicción de la sociedad sigue siendo la misma, la propiedad privada de los medios de producción, eso es lo que hay que resolver y es la clase obrera la fuerza principal que puede llevar a cabo esa tarea, pues abordar la solución de todos los demás problemas depende de ello, por eso nuestro arsenal de ideas y programa sigue siendo el marxismo, por eso nuestra prioridad es organizar a la clase obrera.

 

El reto de construir una izquierda alternativa

Ahora no podemos ponernos a llorar por la leche derramada, pero sí debemos aprender y tomar muy en serio la advertencia que supone la irrupción de Vox. Todos los “experimentos” de organización de “nuevo tipo” y “post marxismo” han demostrado su fiasco. Y es trivializar la amenaza del fascismo, llamar a “un frente antifascista”. Estos “fascistas”, en realidad franquistas, han estado siempre ahí, pero parapetados en el PP porque ese partido defendía lo esencial de la herencia franquista y, sobre todo, porque se sentían débiles para emprender su propia andadura.

Ahora la izquierda es más débil, el sistema está en crisis y, con su raquítica política asistencial de parches, no resuelve los problemas, pero genera los agravios y el ambiente de injusticia que permite crecer a esa ultraderecha que en el futuro puede ser el germen del fascismo.

De hecho, el auge de Vox es una expresión, negativa, de la crisis de las actuales instituciones y, en última instancia, del sistema social en el que vivimos, que cada vez es más incapaz de garantizar unas condiciones de vida dignas a toda la sociedad.

No banalicemos la palabra “fascista”, que será un peligro real en el futuro si no lo evitamos y, sobre todo, luchemos contra las causas, ataquemos el nido de la víbora: el capitalismo. Lo que necesitamos es un frente anticapitalista, un programa que una a partidos y sindicatos y movimientos sociales para ir al núcleo de la cuestión: acabar con una sociedad que establece privilegios sagrados para una minoría en perjuicio de la mayoría. Es un trabajo arduo, con un camino duro, pero es imprescindible, ninguna estrategia electoral va a subsanar deficiencias estructurales de la izquierda, solo con el trabajo paciente, dando rienda suelta a las iniciativas de la base y armándonos con el programa del socialismo, podemos recorrer ese camino. Todo eso no se puede hacer con consultas ni plebiscitos online, ni con estrategias de marketing televisivo, requiere de una militancia viva, que se sienta dueña de la organización y convencida del programa que defiende.

La unidad que se ha expresado en Adelante Andalucía muy probablemente ha evitado un retroceso mayor, pero eso no quiere decir que se hiciesen bien las cosas. El proceso se ha desarrollado desde arriba, sin una participación de la militancia, muy desalentada y alejada del quehacer cotidiano de las organizaciones. Debemos tomar conciencia de esa realidad, no enmascararla con declaraciones grandilocuentes.

Empecemos a construir esa unidad en la lucha, no de forma cupular sino con métodos democráticos, desde los cimientos, donde quienes participan sientan que su decisión cuenta y se identifiquen con el programa y los métodos, porque los sienta suyos. Es un trabajo colectivo, de organización, no seguir ciegamente al líder. Ahí estaremos sentando las bases para refundar la izquierda alternativa.

Ya hay una reacción en las calles de los sectores más conscientes de la amenaza que supone el triunfo de la derecha, la tarea inmediata es dar un cauce a esa movilización convirtiéndola en organización estable, sumando a esos miles de jóvenes a la lucha cotidiana por la transformación social. No desviemos su atención, expliquemos desde ahora que el enemigo a combatir no es un partido, es el sistema, y haremos un frente para combatir el sistema no para defenderlo, como propone Pablo Iglesias en la práctica.

Tampoco se trata de unirnos a los dirigentes del PSOE, que han propiciado este escenario, sino de combatir su política e intentar convencer a quienes les han apoyado por la etiqueta “socialistas”, de que falsa en manos de esos políticos. En lugar de empeñarse en defender un acuerdo de presupuestos totalmente incapaz de resolver los problemas sociales, y en el que no cree ni el propio PSOE, levantemos un programa que parta de las necesidades reales de la mayoría de la sociedad y que se proponga transformarla, y hagamos un llamamiento —también al PSOE, con los ojos puestos en su base social— a la lucha.

Las movilizaciones en Catalunya del personal sanitario y educativo, de los bomberos, de los estudiantes, y las que se están viviendo en Andalucía, también, nos muestran el camino: agrupar y generalizar todas esas luchas en una sola, con un programa común y la voluntad de pelear hasta la hacerlo realidad.

[1]Jordi Escuer es miembro de la Coordinadora Regional de IU Madrid, Sergio Sánchez de la Coordinadora Provincial de IU Sevilla y Alberto Arregui de la Coordinadora Federal de IU.

[2]https://www.resultadoseleccionesparlamentoandalucia2018.es/Ambitos/Andalucia/0

[3]La participación ha sido la segunda más baja de la historia de las elecciones andaluzas (con el 58,65%, sólo por delante de la del año 90, con 55,34%). En el año 96 llegó al 77,94%, casi 20 puntos más. En 2004, al 74,66%.

[4]https://www.lavanguardia.com/local/sevilla/20181203/453317610679/vox-multiplica-por-diez-los-votos-en-uno-de-los-barrios-mas-pobres-de-espana.html

[5]“De las 20.974 personas censadas han votado 8.652, el 41,2%. Por partidos, los votos han quedado así: PSOE (3.736 y 43,1%); Adelante Andalucía (1.946 y 22,4%); Ciudadanos (978 y 11,3%); PP (596 y 6,8%); Vox (520 y 6%)”. https://www.20minutos.es/noticia/3508102/0/elecciones-andalucia-barrio-3000-viviendas-vox-psoe/

https://www.eldiario.es/andalucia/Vox-municipios-elecciones-andalucia-derecha-pp-ciudadanos_0_842366195.html

[7]https://www.eldiario.es/andalucia/Vox-municipios-elecciones-andalucia-derecha-pp-ciudadanos_0_842366195.html

[8]“Una de cada tres personas residentes en Andalucía está en riesgo de pobreza o exclusión social. En concreto, el 37,3% de la población (más de 3,1 millones) se encuentra en esa situación en el año 2017”. https://www.eldiario.es/andalucia/andaluces-riesgo-exclusion-social-crisis_0_825567718.html

[9]https://www.lavanguardia.com/vida/20180917/451856321598/el-139–de-los-parados-de-andalucia-lleva-mas-de-cuatro-anos-sin-trabajar.html

[10]Propuesta ante el proyecto de Banca Pública de Andalucía. La banca pública que necesitamos. Carlos Sánchez Mato y Jordi Escuer. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=180705